Thursday, March 23, 2017

Un nuevo lado del movimiento progresivo contemporáneo: NOVA COLLECTIVE


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy ses el turno de presentar al grupo británico-norteamericano NOVA COLLECTIVE so pretexto de su álbum debut “The Further Side”. Este colectivo conformado desde la segunda mitad del año 2014 por el bajista Dan Briggs, el baterista-percusionista Matt Lynch, el guitarrista Richard Henshall y el teclista Pete Jones cultiva un interesante y eficiente híbrido de prog-metal y jazz-rock con raíces conscientemente recicladas de la vieja tradición del rock sinfónico y algunos guiños también a ciertos estándares del progresivo moderno. Se trata, al fin y al cabo, de un proyecto iniciado en base a la asociación de músicos con pedigrís en grupos ya consagrados como lo son BETWEEN THE BURIED AND ME, HAKEN y TRIOSCAPES, así que esta confluencia de jóvenes veteranos solo puede dar como resultado un esquema de trabajo maduro desde su punto de germiniación. Publicado por el sello Metal Blade Records en el primer tercio del mes de marzo, “The Further Side” resulta una estupenda carta de presentación.

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‘Dancing Machines’ pone inicio a las cosas con sus ambiciosos explayamientos sonoros que ocupan un espacio total de 9 ¾ minutos. El grupo se ha propuesto iniciar su primera impresión al oyente a lo grande y ha realizado a cabalidad la tarea que se impuso. El prólogo se inicia con una búsqueda de confluencias entre las dos parejas de teclado-guitarra y bajo-batería, búsqueda que solo demora unos segundos en concretarse dentro de una exhibición de dinamismos exquisitos y tensiones equilibradas. El empleo de algunos trucos y cadencias de inspiración arábiga en algunos ornamentos de teclado y fraseos de guitarra ayuda a gestar una magia especial en ciertos pasajes estratégicos, pero también se hace resaltar fácilmente al oído atento la musicalidad tan compleja y majestuosa que la dupla rítmica genera desde su propia ingeniería. Es más lo atmosférico que lo melódico lo que impera aquí: si podemos imaginar lo que sería una cruza entre LEVIN MINNEMANN RUDESS, GORDIAN KNOT y los CANVAS SOLARIS del periodo 2007-7, pues nos podemos hacer una buena idea del tipo de magnificencia musical que tiene lugar en este punto de arranque. El segundo tema, titulado ‘Cascades’, cumple con la función de enfatizar un poco más el aspecto jazzero del grupo y, a la vez, explotar más a fondo el potencial lírico de la banda. Así las cosas, nos hallamos en territorio afín a los mundos musicales de grupos como SPECIAL PROVIDENCE y sus compatriotas de OVRFWRD y PLANET X. vaya una mención especial para ese fabuloso solo de guitarra que suena a una encrucijada entre ROBERT FRIPP y STEVE VAI, así como al increíble crescendo que la banda crea para el espectacular epílogo. Cuando llega el turno de ‘Air’, el impacto del doble cénit con el que comenzó el repertorio aún no ha abandonado nuestra memoria, pero el disco tiene que seguir y es una buena idea seguir ahondando en el aspecto jazz-progresivo en medio de un despliegue de coloridos sobrios que, en medio del vigor sónico patente, tienen algo de etéreo. El empleo de algunos matices orientales en un pasaje intermedio ayuda a crear un colorido envolvente al asunto mientras que la implosión de pura energía rockera en otros sostiene la persistencia de lo excitante.

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Situado al inicio de la segunda mitad del disco, ‘State Of Flux’ se dispone a volver a pulir las aristas más fastuosas y luminosas del ecléctico cosmos musical de NOVA COLLECTIVE. Durando poco menos de 9 ¾ minutos, permite al grupo manifestarse a sus anchas a la hora de recoger la siembra de las tres piezas precedentes en una combinación de grooves ostentosamente sofisticados, laberínticos desarrollos multitemáticos generosos en la provisión de variantes de núcleos y atmósferas, y refinamiento melódico. Respecto a este tercer factor, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el grupo ha creado aquí una cima. La alternancia de solos de sintetizador y guitarra en el pasaje intermedio es fabulosa, mezclando los tipos de gloriosa magnificencia que podemos esperar de bandas tan diversas como LIQUID TENSION EXPERIMENT, RETURN TO FOREVER y TRIBAL TECH. También hay un pasaje metálicamente aguerrido de connotaciones psicodélicas que permite al grupo soltarse por un rato pequeño antes de meterse en otras secciones subsiguientes donde todos los aportes instrumentales están meticulosamente orquestados. ‘Ripped Apart And Reassembled’ se basa en una idea que se inspira directamente en la escena fusionesca de los 70s: es como si se anexionaran dos composiciones viejas y olvidadas del HERBIE HANCOCK de la etapa 74-78 y de los WEATHER REPORT de la etapa 76-80, siendo luego oportunamente remodeladas por un aparatoso combo de NIACIN y de SPECIAL PROVIDENCE. La grandilocuencia y la policromía no tienen dónde parar con estos muchachos de NOVA COLLECTIVE. La pieza que da título al disco es justamente la que también tiene a cargo cerrar el repertorio. El colorido de los diversos desarrollos temáticos y el carácter tan decididamente arquitectónico de la amalgama de fuerzas expresivas aportadas por cada instrumento al bloque sonoro se traducen en una inaudita mezcla de los estándares de LIQUID TENSION EXPERIMENT, HAPPY THE MAN, GORDIAN KNOT y YES. Inaudita pero muy bien lograda dentro de la genial química de compenetraciones elementales que se da en los perpetuamente compactos diálogos entre los músicos: en este caso particular, el teclista es quien lleva la voz cantante la mayor parte del tiempo. Un estupendo broche de oro para un disco que se hacía merecedor de nada menor que eso por haber mantenido solventemente un altísimo nivel de fulgor sonoro.

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ueron casi 48 minutos de música demoledora, rotunda, pero ante todo, pletórica de clase y distinción: los NOVA COLLECTIVE, con su enérgica y convincente propuesta híbrida de prog-metal y jazz-rock, han logrado con “The Further Side” aportar un ítem muy importante para la producción progresiva internacional en el presente año 2017. Es un estupendo disco debut que solo nos queda recomendar al 100% por haber mostrado tan enérgicamente un nuevo lado de la escena progresiva contemporánea.


Muestras de “The Further Side”.-

Tuesday, March 21, 2017

A bordo de la sonda espacial Rosetta con VANGELIS



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA. 

El maestro griego Evangelos Odysseas Papathanassiou, VANGELIS para todos nosotros, hizo acto de presencia en el mercado fonográfico el pasado año 2016 con el álbum “Rosetta”, un trabajo conceptual inspirado en la sonda espacial del mismo nombre que fue lanzada por la ESA (Agencia Espacial Europea, traduciendo el nombre tras las siglas a nuestro idioma) en el año 2004 y que se convirtió en la primera sonda que aterrizó en un cometa, para más señas, el cometa 67P.* Publicado por el sello Decca Records el 23 de setiembre del pasado año 2016, este disco devuelve a VANGELIS a la escena fonográfica tras 15 años de ausencia, habiendo sido “Mythodea” su último trabajo de estudio oficial. Bueno, también hubo un par de bandas sonoras en medio para las películas “Alexander” y “El Greco”, respectivamente… ah, pero no vale confundir a esta última con el álbum que VANGELIS hizo en el año 1998. Ahora que volvió en pleno a las actividades de componer y grabar, este proyecto de “Rosetta” ya estaba en curso desde hace un cierto tiempo, con un puñado de composiciones ya grabadas y difundidas en noviembre del 2014, pero recién se llegó a completar el disco como obra integral y acabada en el año 2016. Y bueno, los resultados acabaron siendo magníficos, tal como pasamos a detallar a continuación.


Con la dupla de ‘Origins (Arrival)’ y ‘Starstuff’ tenemos una muy oportuna iniciación al cosmos sonoro que se irá desplegando a lo largo del disco. En efecto, en los más de 9 ½ minutos que ocupa la ilación de estas dos piezas, las orquestaciones y capas de sintetizadores imponen su señorío cósmico a través de un fastuoso juego de atmósferas que transitan desde lo sigiloso hasta lo sublime con una fluidez muy inspirada. En las instancias finales de ‘Starstuff’ se completa la envolvente aureola lírica sobre la que se había estado articulando todos los recursos sónicos creados para la ocasión. ‘Infinitude’ es el siguiente tema y cumple con la función de crear un dinamismo refrescante en el que la calidez del desarrollo temático nuclear se asienta sobre la llamativa cadencia orquestal mientras algunas capas adicionales completan eficazmente el núcleo melódico. En un muy inspirado ejercicio de grandeza sinfónica, a partir de las pautas dejadas por ‘Infinitude’ emerge ‘Exo Genesis’ como un mágico efluvio múltiple de armonías de piano que se entrelazan en una suerte de maraña manierista que retrata las espirales de luz y confluencias de energía sobre las que se construye la armonía de las esferas. Es en esta dupla de ‘Infinitude’ y ‘Exo Genesis’ que el álbum llega a un pico determinado de fastuosidad musical. Así las cosas, ‘Celestial Whispers’ vira hacia senderos de introspección cándida y luminosa donde impera la lógica del romanticismo. No es un tema muy extenso pues dura solo 2 ½ minutos, pero su prestancia melódica le da una estatura especial dentro de la ilación del repertorio. Con unas secuencias exultantes y un imponente colorido de capas orquestales se arma el sexto tema que se titula ‘Albedo 0.06’: tal como lo anuncia el título mismo, VANGELIS diseña esta pieza bajo el modelo de sus dos clásicos álbumes de la segunda mitad de los 70s “Albedo 0.39” y “Spiral”. Estamos de regreso a la faceta más explícitamente majestuosa del mundo musical de VANGELIS, pero a diferencia de los casos de ‘Infinitude’ y ‘Exo Genesis’, esta vez no se trata de una majestad orquestal sino de una magnificencia lisérgica al más puro estilo futurista.

La dupla de ‘Sunlight’ y ‘Rosetta’ se instala en el ecuador del repertorio, así que su misión central es la de ubicar un centro neurálgico para la secuencia de piezas que estamos escuchando y disfrutando. En el caso de ‘Sunlight’ tenemos un despliegue de nubosidades etéreas absorbidas por una calidez excelsa y delicada: en medio de este regreso al aspecto orquestal de VANGELIS, las notas y ornamentos de los sintetizadores simplemente se arrojan al éter flotando con una amabilidad que se hace crecientemente pletórica mientras aumenta el volumen. Por su parte, la pieza homónima nos lleva nuevamente a la época del “Albedo 0.39” con sus bien dibujadas vibraciones melódicas, las cuales transportan a la amalgama de melodía y orquestaciones a una dimensión irisada. Eso sí, la luminosidad que exuda esta pieza nunca se siente atiborrada sino que se maneja con una sobriedad imperial. Conmueve y remueve al espíritu del oyente empático el desarrollo melódico de esta pieza, su bien afiatada arquitectura sonora se siente apasionante, como si su impacto estuviese diseñado para no limitarse a lo sonoro sino para proyectar su magia hacia la organicidad total del ser humano. Otro cénit del álbum. ‘Philae’s Descent’, por otro lado, se proyecta hacia una explícita intensidad donde las orquestaciones y arreglos percusivos explotan cuales fuegos artificiales de esplendor celestial. La dimensión sinfónica de VANGELIS se luce como una aurora boreal. Otro momento particularmente conmovedor del repertorio junto a la pieza homónima es el manifestado en ‘Mission Accomplie (Rosetta’s Waltz)’, que fue de hecho la primera composición que gestó el maestro helénico para este proyecto. haciéndose debido eco de las estilizaciones académicas de la pieza precedente, las lleva a un área más serena sobre un compás de vals. El aire celebratorio es patente, la felicidad del saber es exaltada como si se usara la música como reflejo de un ritual científico. El antepenúltimo tema del disco se titula ‘Perihelion’ y es el más largo con sus 6 ½ minutos de duración. Su vitalidad cibernética y su arrebatada fuerza de carácter se funden en una ambiciosa ingeniería sonora que nos remite a otro punto culminante del disco: la alternancia entre pasajes efervescentes y otros solemnes está edificada con una estupenda fluidez, culminando todo con una coda misteriosa. Y de paso... notamos algunos aires de familia con el estándar de los TANGERINE DREAM del periodo 75-79.



‘Elegy’ aporta, tras el esplendor y el boato canalizado a través de la secuencia de las tres piezas anteriores, un momento de añoranza, una motivación para reflexionar sobre el contraste entre la infinitud de los sueños de la ciencia y la naturaleza efímera de toda vida, ya sea natural o artificial. Esta motivación prosigue en la pieza de cierre, titulada ‘Return To The Void’, la cual reconstruye el atmosférico señorío cósmico con el que se había iniciado el álbum. Todo esto fue “Rosetta”, un disco hermoso que nos muestra la muy grata noción de que VANGELIS todavía tiene energía y creatividad suficientes para brindarnos obras monumentales dentro de la avanzada electrónica de la cual él es un campeón visionario y una leyenda viviente. Todo nuestro agradecimiento a él por este gran disco... ¡y que no falten próximas obras notables en el futuro cercano!


Muestra de “Rosetta”.-
Mission Accomplie (Rosetta’s Waltz): https://www.youtube.com/watch?v=PUpSVxoCcik 



* Hay un enlace sobre el momento último de la sonda Rosetta en este enlace del diario español El País: http://elpais.com/elpais/2016/09/30/ciencia/1475227152_104918.html 

Sunday, March 19, 2017

NICOLAS MEIER: banda sonora para la infinidad


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

NICOLAS MEIER, el virtuoso guitarrista suizo-británico que tiene a sus espaldas un estupendo trayecto ecléctico en las áreas del rock metalero, el jazz-progresivo y la fusión, publicó en el pasado año 2016 un hermoso disco titulado “Infinity”. Con el apoyo de los magistrales veteranos Vinnie Colaiuta [batería] y Jimmy Haslip [bajo], más las adicionales aportaciones que hacen varios violinistas a lo largo del repertorio, MEIER concreta un despliegue único e impecable de vitalidad musical donde el jazz-rock y la fusión contemporánea conviven naturalmente, a veces recurriendo a esquemas de trabajo estilizados y eruditos al modo del discurso progresivo para obtener el resultado deseado. Quienes apoyan con sus respectivos violines en casi todos los temas del álbum son Richard Jones, Lizzie Ball,  Sally Jo y Gregor Carle. El repertorio contenido en “Infinity” consta de diversas ideas que MAIER concibió en su inquieta cabeza a lo largo de los tres años que pasó tocando alrededor del mundo liderando su propia banda, como parte de la JEFF BECK BAND, como integrante de un dúo con otro genio de la guitarra que es PETE OXLEY y como miembro de la banda de metal SEVEN 7 (también toca allí la antes mencionada Sally Jo). Las bases del material del disco fueron grabadas en sesiones que tuvieron lugar en los Megatrax Studios de Los Ángeles en los días 26 y 27 de setiembre del 2015, con mezclas añadidas 13 meses después en los MGP Studios de Guildford (la ciudad natal del propio MEIER). Repasemos ahora los resultados fácticos de esta larga labor de inspiración musical plasmada en este disco. 

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Abre el repertorio ‘The Eye Of Horus’, tema que a través de sus 5 ¾ minutos de duración nos brinda un tremendamente vistoso despliegue de sonoridades jazz-rockera en base a motivos de inspiración arábiga. El asunto comienza con un tenor muy robusto, tornándose agresivo en algunos pasajes particularmente exultantes. En una segunda instancia, el ensamble vira hacia una modalidad más contenida, permitiendo que se despliegue un señorial solo de bajo así como que la guitarra guíe al ensamble hacia un desarrollo temático de matices aflamencados. Luego sigue ‘Still Beautiful’, una  pieza serena cuya espiritualidad contemplativa. Ostentando un lirismo sencillo y envolvente, el groove lento permite al bajo disponer de otro cálido momento de lucimiento en medio del desarrollo temático: claro está, MEIER también está para brindarnos un par de solos increíbles a la guitarra acústica. Con la dupla de ‘Riversides’ y ‘Yemin’, MEIER y sus secuaces se aprestan a ampliar la paleta sonora. El primero de estos temas constituye un cénit de sofisticación dentro del disco con su agilidad a la hora de ensamblar un motif fusionesco de inspiración oriental dentro de un swing contenido con un tempo inusual. Luego sigue ‘Yemin’, un tema que en su momento MEIER aportó para la JEFF BECK BAND y que ahora aparece en una versión más personal. La pieza en cuestión también tiene inspiración arábiga y se inicia con una exhortación mágica a cargo de la guitarra de nailon, abriendo paso luego a un cuerpo central signado por una vibración meditabunda. El matrimonio de guitarra y violín funciona con total eficacia. ‘Legend’, el quinto tema, está justamente inspirado en JEFF BECK, un regalo de un amigo genio a otro. Durando poco más de 5 ½ minutos, este tema exhibe una vivacidad muy juguetona a través de la inspiración mediterránea de su cuerpo central. Los recursos virtuosos de la guitarra se ponen sabiamente al servicio de los desarrollos melódicos y del enriquecimiento del swing central en curso.

Cuando llega el turno de ‘Tales’, MEIER y sus compañeros de viaje regresan a los senderos de espiritualidad contemplativa y focalización reflexiva. Los fraseos y armonías de la diversas guitarras acústicas que entran en acción se instalan en el esquema melódico como reposando en una dejadez poética. También se une el bajo en algún pasaje del desarrollo temático. Al emerger ‘Flying Spirits’ un poco más adelante, el ensamble comienza con una eficiente y bien definida retoma del talante contemplativo que había caracterizado al tema antes mencionado, pero en una ulterior instancia vira hacia una mesurada extroversión orientada a un nuevo ejercicio de magníficas modulaciones fusionescas de inspiración arábiga, la cual hará prevalecer su carácter decidido hasta el final del trayecto. Es así que la banda logra concretar otro cénit de elegante expresionismo sonoro para el repertorio de “Infinity”. En medio de estas dos piezas se sitúa ‘Rose On Water’, el tema más breve del álbum, durando poco más de 2 ½ minutos: se trata también de una pieza atípica dentro del contexto particular de este álbum porque se orienta hacia lo barroco bajo la guía del violín. La guitarra sirve ahora de complemento a la hora de añadir cromatismos pulcramente estilizados al canon desarrollado por el violín. Nos vamos acercando al final del disco cuando surge la dupla de ‘Serene’ y ‘Kismet’. El primero de estos temas hace honor a su conciso título desplegando otro claro ejemplo de la capacidad infinita que tiene MEIER para gestar ideas musicales cuya belleza intrínseca puede ser eficientemente realzada con la naturaleza etérea organizada para el arreglo general. Por su parte, ‘Kismet’ establece una luminosa gracilidad para su motif arábigo, siendo así que la triangulación entre guitarra acústica, violín y batería está armada de tal manera que la candidez sea la reina absolutista del entramado sonoro. El bajo cumple cabalmente con su doble misión de complementar el groove de la batería y llenar los espacios melódicos fundamentalmente trazados por la guitarra. Para el breve interludio, el ensamble se adentra en un recurso de otoñal introspección para abrir campo a la segunda instauración del cuerpo central. En fin, cierra el disco ‘JB Top’, composición dedicada a Billy Gibbons, el guitarrista de los eternos ZZ TOP. La pieza se centra en un ejercicio de rock duro melódico con raigambre bluesera: el compás es a medio tiempo pero el vigor reinante está bien sustentado sobre los riffs básicos de guitarra y el tenor directo que la dupla rítmica despliega a lo largo del jam. Todo esto mientras MAIER da una clase maestra con cada solo que va elaborando en el camino. En realidad, el tema no suena tanto a ZZ TOP como a STEVE VAI en su faceta más asequible. 


    La imagen puede contener: 3 personas, personas de pie, personas tocando instrumentos musicales y guitarra 

Todo esto fue “Infinity”, un disco bellísimo, pletórico de refinamientos y exquisiteces: NICOLAS MEIER, con la invaluable ayuda de sus compañeros de aventuras, ha gestado una obra genial que vale la pena difundir más intensivamente en los círculos de apreciación del jazz y del rock del mundo.     


Muestra de “Infinity”.-

Thursday, March 16, 2017

El imperio psicodélico ecléctico de N-1


Hoy se da el momento de presentar al grupo prog-psicodélico alemán N-1 so pretexto de la publicación de su disco “Nomma”. Los integrantes de N-1 son Udo Hanten [sintetizadores], Steven Hein [guitarra], Thorsten Marach [batería] y Maziar Yazdkhasti [bajo]. Los orígenes de N-1 se remontan a fines del milenio pasado bajo la iniciativa conjunta de Hein y Yazdkhasti, quienes desde su reducto en la localidad de Krefeld se han dedicado a crear material musical a un ritmo increíblemente intensivo, a veces completándose como trío y otras como cuarteto, que es justamente lo que sucede en este disco que tenemos en nuestras manos. Si bien “Nomma” fue concluido y distribuido en la red de Bandcamp en el año 2016, el sello R.A.I.G. se ha hecho cargo de su distribución física oficial a inicios del presente mes de marzo del 2017. El norte musical de N-1 está en una modalidad agresiva y señorial de experimentación progresiva psicodélica con devotas raigambres en las tradiciones del space-rock y del krautrock guitarra-céntrico (GURU GURU, AGITATION FREE, ASH RA TEMPEL, etc.), con una sensibilidad contemporánea que les permite incorporar recursos y atmósferas propios de los discursos del post-rock y del post-metal en sus eclécticos viajes sonoros. A pesar de que el CV de N-1 es sumamente prolífico, “Nomma” ha sido nuestra vía de entrada a su mundo musical: pasamos ahora a revisar los detalles del disco en cuestión. 


‘Vidit’ abre el álbum con pulso firme y garra electrizante en base a una bien lograda confluencia entre el space-rock de vieja escuela y el vigor contemporáneo del post-metal con algunos toques oportunos de kraut (algo así como un jam perdido de NEU! recuperado y remodelado por los GURU GURU de los álbumes #2 y #3). Un estupendo comienzo de álbum cuyo impacto debe ser aprovechado con solvencia, y para eso emerge ‘Nommanativ’, pieza que dura casi 7 minutos y que desde ya se erige en un cénit climático inapelable del repertorio. La magnificencia de esta pieza descansa particularmente en el colorido tan suntuoso que la banda sabe crear a partir de un núcleo compositivo tan básico como el que se emplea aquí; también cabe notar cómo el grupo puede estructurar la crudeza rockera de su propia visión musical con tanto señorío, dándole así un nuevo significado a la palabra elegancia dentro del discurso de la psicodelia. ‘Wieda’ es el primer tema explícitamente ambicioso con su duración de casi 13 ½ minutos. Lo que hallamos aquí no dista demasiado de las líneas de trabajo que realizan otros grupos destacados de la psicodelia progresiva contemporánea como SPACE DEBRIS, MY BROTHER THE WIND y MY SLEEPING KARMA: la recepción y el ágil replanteamiento de los legados de ASH RA TEMPEL, AGITATION FREE y HAWKWIND son fáciles de advertir. Con las extravagantes armazones armónicas de la guitarra y los diversos grooves que arma la batería a través del jam central, el grupo gesta una vitalidad que sustenta su luminosidad esencial durante todo el tiempo que se toma para expresar lo que desea expresar. En varias instancias se construye una eficaz complementación entre los filudos riffs lisérgicos de la guitarra y el complejo swing armado por la dupla rítmica, lo cual genera un impulso decisivo y definidor de la magnífica prestancia sonora que el ensamble crea para la ocasión. Lo que apreciamos en esta ilación de las piezas #2 y #3 es un clímax contundente del álbum. 

‘Bodyfarm Für Früchte’ se hace cargo de reforzar y apuntalar las aristas más fieras del ideario musical de N-1, volviendo a plantear una retroalimentación space-rockera del estándar del post-metal, incluso con una musculatura más aguerrida que la que se empleó en la pieza que abría el disco. La naturaleza frontalmente bélica del jam básico preserva su sólida majestuosidad con inapelable convicción, aunque para las instancias finales, la triangulación de sintetizador, bajo y batería se apresta a suavizar un poco las cosas a fin de gestar un epílogo de talante etéreo. ‘Spiritum’ es otra composición ambiciosa, durando casi 10 ¾ minutos. Con esta pieza, el grupo vira drásticamente hacia la dimensión más introspectiva de su cosmos sonoro, siendo así que los primeros 6 minutos del viaje musical en curso se orientan hacia una sutileza melancólica, casi solipsista, bien sostenida por el modo en que las progresiones armónicas de la guitarra despliegan su flotante lirismo mientras las capas de sintetizador se hacen notar una sublimidad cándida. Bien es verdad que a partir de la frontera del sexto minuto el grupo decide intensificar su despliegue sonoro para gestar un incrementado expresionismo desde el mismo núcleo del jam en cuestión, y es ahí donde las cosas parecen explotar dentro de una arquitectura nebulosa (al modo de una cruza entre RUSSIAN CIRCLES y TOWN PORTAL). Una vez apagados los últimos ecos de la guitarra se instaura el groove de batería con el cual ha de iniciarse ‘Ballonfahrt’, tema que también amenaza en sus primeros segundos en perpetuar la dinámica introspectiva de la pieza precedente, pero en realidad exhibe una distinguida fusión de los espíritus centrales de ‘Nommanativ’ y ‘Wieda’. El asunto funciona con suficiente solvencia como para instaurar otro pico creativo del álbum. Ahora que el grupo ya ha puerto todas sus cartas sobre la mesa, ‘Wechselbalg der Gefühle’ cumple con la misión de darle un nuevo giro de tuerca a la faceta más visceral y pesada del grupo.

El repertorio culmina a lo grande con la maratónica pieza ‘Hybris Ducktylus’, la misma que se extiende hasta los 20 ½ minutos de duración. La pieza comienza con un tenor sigiloso desde el cual los punteos espartanos de guitarra brindan una sobria coloración sobre un trasfondo de efectos de sintetizador; mientras los punteos van acrecentando el carácter de su presencia, el ensamble en pleno prepara su camino de explayamiento con una convicción inapelable. Desde poco antes de pasar la barrera del cuarto minuto y medio ya se da la instauración del primer jam central, el cual se edifica sobre un groove ágil y complejo que combina de forma inusitada lo tribal y lo parsimonioso. Es ahora cuando la guitarra se muestra decidida a dejarse llevar por su propia pesadez en medio de un entramado sonoro cuya magnificencia se exhibe en plena madurez. El segundo jam central se focaliza más claramente en la modalidad de un space-rock aguerrido pero con oportunos aires etéreos, un poco cercanos al jazz-rock, al modo de una cruza entre CAUSA SUI y THERHYTHMISODD. De esta manera, el grupo crea una ambientación señorial que permite a la magnificencia reinante consolidar el clímax decisivo que exigía el repertorio del disco en su momento final, aunque siempre viene bien un recurso de sutileza para los últimos fraseos de la guitarra.  Así hemos descubierto a los N-1 y así de gratamente nos han impresionado ellos con este disco “Nomma”, el cual ya queda registrado como uno de los ítems prog-psicodélicos más notables del año 2017. Teniendo en cuenta el infatigable ritmo de creatividad que el grupo siempre ha ostentado, tenemos la plena certeza de que seguiremos oyendo cosas nuevas de ellos en el futuro próximo: mientras tanto, recomendamos “Nomma” al 100%. 



Muestras de “Nomma”.-
Hybris Ducktylus: https://raig.bandcamp.com/track/hybris-ducktylus

Tuesday, March 14, 2017

Una loa a la resurrección de PERHAPS


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR MENDOZA.

Buenas noticias desde Boston, Massachusetts: el colectivo avant-progresivo PERHAPS ha vuelto al ruedo para retomar sus osados asuntos musicales y crear un nuevo disco, el cuarto de su currículum, disco que se titula “4”, así, sin más. Este disco ha sido publicado a inicios del pasado mes de octubre pero estaba siendo gestado desde antes de que el año 2016 llegara a su ecuador, casi como celebrando el primer triste aniversario de la disolución del grupo. Este retorno ha sido a lo grande pues parece ser que las diosas del destino tenían en reserva grandes campos de cultivo y gigantescos invernaderos para la germinación de nueva música. Para decirlo con un lenguaje más “laico”, parece que tras la tormenta de aquel entonces, el guitarrista Sean McDermott y el bajista Jim Haney han retomado los asuntos pendientes que tenían con las musas de la música y han reformulado la esencia de PERHAPS para elaborar una transubstanciación gigantesca con la inclusión de David Khoshtinat, Peter Danilchuk, Ricky Petraglia, Tom Weeks, Tabata Mitsuru, Ken Topham, Joe Harrison, Lucas Brode, Dennis Fuller, Jesse Weiss y Ben Talmi. Este nutrido colectivo concretó en “4” un extenso jam space-rockero donde se abren amplios campos a la inclusión de recursos propios del krautrock, el noise-rock, el R.I.O. y el punk-jazz. Un verdadero malestrom de guitarras, teclados, vientos, cánticos, bajo y sintetizadores se asocia en una nueva idea de orden, muy semejante a lo que usualmente designamos como caos: así, con toda la liberalidad del mundo, con todo el descaro que se puede permitir dentro de la concepción del arte como expresión libre. Bueno, repasemos ahora los detalles de la música contenida en este disco, ¿vale? 

El tema titulado ‘4’ ocupa todos los 40 minutos del disco. Tras un breve soliloquio emerge un vitalista despliegue de musculatura mecanizada en el discurso del rock, al modo de un híbrido entre la faceta más extrovertida de CAN, el entusiasmo anarquistamente lisérgico del HAWKWIND del periodo 71-73 y el fulgor exquisito de THE COSMIC JOKERS (con su correlato en ACID MOTHERS TEMPLE), además de algunos toques de la agresividad inteligente de los visionarios MASSACRE. Hay momentos en que el soliloquio sigue adelante mientras el bloque sonoro despliega neuróticos colores de saxofones, sintetizador y flauta en medio del maelstrom pertinaz en el que se focaliza la triangulación básica de guitarra-bajo-batería. Poco antes de llegar a la frontera del décimo tercer minuto se hacen destacar unos ornamentos de teclado que poco a poco van imponiéndose como un recurso de racionalidad sónica alternativa, algo así como un arrebato emitido desde un logos que existe fuera del sistema de jolgorio que hasta ahora había sido absorbente en exclusiva. No hay un viraje temático pero sí un momento de replanteamiento de las cosas para que se vislumbre algún recurso de sutileza para esta imparable arquitectura neurótica. Y que esto es así se confirma con la instauración de la intervención vocal que sigue poco después: el canto no es particularmente aguerrido – aunque sí apasionado – por lo que la potencialidad de su aporte creativo al bloque sonoro integral exige que el ensamble se mantenga atento ante el peligro de llevar a su propio fuego esencial hacia niveles extremos que destruirían su propia riqueza estructural. Ya entramos a un terreno donde cohabitan el prototipo de los dos últimos discos de THE MARS VOLTA y la faceta más caótica del legado del chamber-rock francófono cuando nos acercamos a la barrera de los 20 minutos; algunos ornamentos de guitarra acústica y piano eléctrico logran hacerse notar en medio de todo este arrebato tremendista.


Desde poco antes de entrar al último cuarto de este increíble viaje sónico, el groove se torna un poco más sutil mientras los teclados, sintetizadores y guitarras van adquiriendo un nuevo señorío. Para los últimos 5 minutos se añaden matices de aparente caos que, en realidad, son apuntalamientos de la luminosidad psicodélica en curso con trucos de free-jazz. El momento del epílogo resulta curiosamente sereno: se puede establecer un símil con unos marinos que se dedican a pasear por la costa por un rato relativamente largo tras el arribo de su barca pero solo después de concluido su paseo testimonian el fin del trayecto. PERHAPS representa, ante todas las cosas, la imagen de máxima grandilocuencia dentro del space-rock contemporáneo, llevando a esta vertiente rockera hacia niveles magníficos de ecléctica magnificencia progresiva: vayan todas nuestras loas para la gente de PERHAPS por haber vuelto a la vida como un Lázaro trastocado por una potenciación hiperbólica hasta niveles estratosféricos de creatividad musical.

Sunday, March 12, 2017

THE ALAN PARSONS PROJECT: memorias de una carta amistosa

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Hoy se da el turno de una muy amistosa carta progresiva, específicamente, el quinto disco de THE ALAN PARSONS PROJECT “The Turn Of A Friendly Card”. Grabado entre fines de 1979 y la primera mitad de 1980 en el Acousti Studio de París, el disco fue gestado y producido mientras los Sres. Parsons y Woolfson, con sus respectivas esposas y familias, se asentaban en la Europa francófona, más exactamente, Mónaco, una mudanza que se había iniciado en la segunda mitad del año 1978. Justamente el concepto central del disco está inspirado en la combinación de excitación, glamour, vigilancia, neurosis y decadencia que se respira en el día a día de los casinos de Montecarlo, un mundo donde el azar del destino humano se traduce en un negocio drástico. La convivencia de la luz de las pequeñas victorias esporádicas y la oscuridad de la derrota definitiva de quienes osan enfrentarse a una casa que siempre gana con artimañas cuestionables está plasmada con suma elegancia en este disco que muchos seguidores de THE ALAN PARSONS PROJECT consideran como la máxima cúspide de su creatividad. El impresionante vitral con el rey de diamantes de la portada refleja con suprema perfección este contraste de luz y oscuridad: es una obra diseñada por Lol Creme y Kevin Godley, quienes entonces conformaban un dúo dedicado a desarrollar carreras simultáneas en la música y los medios audiovisuales tras su paso por la alineación original de la brillante banda británica 10CC. Sin duda, es un clásico perpetuo de la imaginería rockera. Como era habitual desde los tiempos del “Pyramid”, el arsenal instrumental estaba a cargo de Eric Woolfson [teclados], Ian Bairnson [guitarras eléctricas y acústicas], David Paton [bajo y guitarra acústica adicional], Stuart Elliott [batería y percusión], más un Alan Parsons que añade labores ocasionales de tecladista a su permanente jefatura de ingeniería de sonido en las consolas y demás artefactos del estudio de grabación. Elmer Gantry, Lenny Zakatek, Chris Rainbow y el propio Woolfson se alternan en el rol vocal. Si el grupo y los cantantes operaban en París, el ensamble de cámara a cargo de las partes orquestadas fue la Orquesta de la Cámara de Música de Munich (en la entonces República Federal de Alemania), que estuvo bajo la dirección de Eberhard Schoener a la hora de plasmar los arreglos escritos por el leal Andrew Powell. Ya desde el sensible fallecimiento de Woolfson a inicios de diciembre del 2009 toda reedición del catálogo de THE ALAN PARSONS PROJECT tiene de por sí un aura nostálgica, pero además, teniendo en cuenta que esta reedición de “The Turn Of A Friendly Card” tuvo lugar en el año 2015, se añade una elegía más en honor a Chris Rainbow (nacido como Christopher James Harley), quien partió al más allá el 22 de febrero de dicho año. El disco salió originalmente al mercado el 1 de noviembre de 1980, siendo así que esta reedición del 2015 hizo lo propio a inicios de octubre, o sea, a un mes del cumplimiento exacto de tu 35to aniversario. 

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Nos metemos ahora en el mismo repertorio del disco y nos topamos de entrada con la fabulosa fanfarria de bronces y percusiones que da inicio a ‘May Be A Price To Pay’, complementada con elegantes capas de órgano. Una vez situada la asociación de grupo y orquesta, la canción se asienta sobre un groove de tintes jazz-rockeros donde el bajo y el piano se alternan en el protagonismo en la sección rockera, mientras que la labor orquestal se apoya mayormente en las mayestáticas bases armónicas provistas por las cuerdas y los vientos. El interludio instrumental nos muestra a un piano que luce gráciles colores jazzeros a medio escondidas mientras las cuerdas ostentan su inherente fastuosidad. Elmer Gantry, con su poderosa voz ronca, ofrece el elemento vocal oportuno para la ocasión. La letra retrata el carácter inherentemente clandestino que absorbe a la compulsión de jugar: la manera perfecta de introducirnos al drama conceptual del álbum. A continuación sigue un hit absoluto del disco, ‘Games People Play’, la pieza más popera del álbum: contando con Lenny Zakatek en el rol de vocalista, la canción exhibe su gancho abiertamente y sin complejos. El intermedio comienza con una atmósfera etérea – incluyendo efectos de voces y de sintetizador – y termina con un par de excelsos solos de guitarra a cargo del siempre magistral Bairnson. Pasando a la dimensión melancólica de las cosas, a continuación emerge ‘Time’, otro gran hit del álbum que supuso el primer single de TAPP con Woolfson a la primera voz. Esta canción, con su sencilla y a la vez conmovedora letra sobre la implacable ley del tiempo que hace de la vida algo tenue y efímero, adopta una resonancia mística en base a la mágica combinación de capas orquestales y canto sereno que se articula a través de la delicada ingeniería melódica en curso. Los flotantes efectos de guitarra que realzan las palabras de los estribillos son prácticamente “de otro mundo”. Como dato anecdótico indicamos que el canto de Parsons acompaña a los de Rainbow y el propio Woolfson en el coro de apoyo. No en todos los países en que se publicó el álbum salió ‘Time’ como single pero éste se impuso en el ideario de TAPP como uno de sus ítems más destacados en la conciencia colectiva de amantes del rock. Incluso hubo una edición de simple con una versión levemente reducida de ‘May Be A Price To Pay’ en el lado 1 y lo propio con el instrumental ‘The Gold Bug’ en el otro lado, pero fue ‘Time’ la canción que más llamó la atención a lo largo de la historia (para no decir la palabra tiempo) dentro de este repertorio: tal vez incluso más que la muy marchosa Games People Play’.


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La segunda vez que encontramos a Lenny Zakatek en el rol de primer vocalista es en ‘I Don’t Wanna Go Home’, una expresiva canción rockera con ribetes funky que nos hace recordar en cierta medida al patrón de ese clásico ‘I Wouldn’t Want To Be Like You’ (del “I Robot”), aunque su punche es más cercano a esa iracunda canción que ocupaba la segunda pista del “Eve” (nos referimos a ‘You Lie Down With Dogs’). La introducción de piano que se engarza con el fade-out de ‘Time’ apela al compás parsimonioso de un sujeto curioso que parece empecinado en probar su suerte en el casino. Por supuesto, la letra revela crudamente el mal hado que esto trae consigo, pero el epílogo a dos pianos alude nuevamente a esa vieja parsimonia, esta vez enfatizando la tozudez enfermiza que es inherente a la ludopatía. Así termina el lado A del disco y la segunda mitad del disco se dispone a comenzar con un instrumental compuesto por Parsons: ‘The Gold Bug’. El prólogo del mismo consiste en un reprise de la fanfarria inicial de ‘May Be a Price To Pay’, esta vez en versión silbada, sobre un trémolo de guitarras acústicas (a cargo de Paton y Bairnson). El cuerpo central se focaliza sobre un groove jazz-popero donde el bajo y el clavinet con eco establecen un diálogo perpetuo para la base armónica, abriendo campo para que al poco rato emerja un magnífico solo de saxofón. Aunque no dura mucho dicho solo, tiene suficiente carácter como para provocar que su señorío deje una huella en los arreglos corales, orquestales y de arpa que han de explayarse en lo que queda de la pieza. Es un instrumental magnífico que resulta perfectamente idóneo para abrir la puerta a la monumental suite pentapartita que da título al álbum. Aquí se concreta en su forma más sublime la imagen de que un casino es una especie de catedral, tal como canta Chris Rainbow al final de la primera parte: “But a pilgrim must follow in search of a shrine as he enters inside the catedral”. 

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Durante una de sus varias visitas a Le Casino de Monte-Carlo, Eric Woolfson mostró particular interés en el manejo del sistema de vigilancia y las modalidades de engaño que muchos usuarios diseñaban: uno de los directores del local, Pierre Cattalano (padre de la actual Embajadora del Principado de Mónaco en el Reino Unido) le dijo a Woolfson que un casino no era precisamente una catedral, pero... ¿y si realmente era una especie de catedral, al fin y al cabo?* Esta sugerencia fue el primer motor de la creación del concepto del álbum en la mente del buen Eric. La relación entre vigilante y vigilado bien puede equipararse entre la que hay entre un dios omnisciente y un sujeto pecador; también podemos ver las reglas del Casino como una especie de decálogo absoluto sobre los deberes del jugador honesto y un régimen de terror sobre los tramposos. Además, la noción del pecado realizado a escondidas ya está en ‘May Be A Price To Pay’ y la actitud condenatoria en las mudanzas de ‘I Don’t Wanna Go Home’ parece replicar la expulsión del Paraíso Original. La suite comienza con la parte 1 de la balada homónima, cuyo precioso y envolvente motif queda debidamente instaurado por el encuadre de piano, clavicordio y ensamble de flautas, no tardando el resto de la banda y la orquesta en pleno en unirse al manjar sonoro. El canto de Rainbow es simplemente sublime, el embajador perfecto de la mezcla de ansiedad y tristeza que subyace a la adrenalina de los ludópatas: “There are unsmiling faces and bright plastic chains / and a wheel in perpetual motion”Tras unos aparatosos efectos de tragamonedas emerge ‘Snake Eyes’, una canción cuyo moderado swing rockero sirve para expresar un cabal recurso de retórica sarcástica en torno al glamour y la ilusión de omnipotencia que se vende con descarada autocomplaciencia en el ambiente del casino. Los juegos de azar son retratados como una cruza de empresa bélica y afianzamiento del yo. El solo de guitarra es muy elegante, exhibiendo un vigor especial en medio del groove que se siente, a la vez, grácil y contenido.



Las cosas varían totalmente de registro con la emergencia del soberbio instrumental ‘The Ace Of Swords’ – uno de los picos más altos de la creatividad compositiva de Alan Parsons –, el cual comienza con aires barrocos signados por una serenidad palaciega en la triangulación de clavicordio, oboe y ensamble de cuerdas, para luego proyectarse hacia un vivaz despliegue de pomposa luminosidad en la que grupo y orquesta viajan fluidamente por elegantes desarrollos melódicos sobre el sustento de sofisticados esquemas rítmicos. La cuarta parte de la suite, ‘Nothing Left To Lose’, nos lleva hacia otro giro radical de atmósfera, esta vez con un talante reflexivo basado en un ambiente de barrio parisino con guitarras acústicas, el suave canto de Woolfson, un tenue arreglo de la dupla rítmica y un ensoñador solo de acordeón que emerge en algún momento. La coda nos sorprende con un reprise instrumental de ‘Snake Eyes’ que nos lleva a territorio de pleno rock duro, con una correcta base de guitarra rítmica, piano eléctrico, bajo y batería que sostiene los frenéticos solos de guitarra que sirven simultáneamente para reflejar la furia del perdedor que aún quiere intentar ganar una vez más y derrotar la resistencia tenazmente imperial de los dueños del casino. El breve interludio con ritmo reggae tras las expresivas líneas “Nothing sacred or profane / Everything to gain / ‘cause there’s nothing left” es revelador del embate emocional que se retrata eficazmente en el viraje musical inmediato hacia esta electrizante exhibición de polenta rockera. Bairnson se luce como un auténtico dios del rock. Pocas veces han sonado TAPP tan pesados y realmente lo han hecho muy bien en esta ocasión particular. La parte 2 de la balada homónima cierra la suite como debe ser, poniendo a los ornamentos orquestales al servicio de la capitalización de las melodías y matices más esplendorosos que se habían manifestado en instancias anteriores. El jugador se revela finalmente como una figura trágica atada a un drama que rota sobre su propio eje sin parar: “There are unsmiling faces in fetters and chains / On a Wheel in perpetual motion / Who belong to all races and answer all names.”  Es simplemente conmovedor el modo en que, tras el último estribillo, se suceden el último solo de guitarra, la sección de cornos y el diálogo entre cuerdas y maderas mientras vamos en camino hacia el opulento fade-out.



En cuanto a los bonus tracks, éstos son generosamente numerosos, aprovechando el espacio de disfrute melómano que se puede obtener en un formato de doble CD. Por ejemplo, el volumen 2 comienza con una nutrida serie de diarios musicales de Eric Woolfson donde su piano y sus tarareos motivan la gestación de varias canciones que habrían de ser incluidas en el disco: dado que él no sabía leer ni escribir anotaciones musicales, estos diarios registrados en casetes le servían como guía de evolución y maquetas iniciales para futuras canciones de TAPP. Vaya todo nuestro agradecimiento a Lorna y Sally, hijas del maestro Woolfson, por recopilar estas viejas cintas de casete para que los admiradores del legado Parsons-Woolfsoniano podamos echar una mirada privilegiada a estos estupendos momentos prehistóricos. No importa mucho la irregular calidad de sonido, la prestancia melódica en gestación se hace notar como si nada. La octava pista de estos diarios seleccionados nos muestra la ilación de la balada central de la suite, ‘Snake Eyes’ y ‘I Don’t Wanna Go Home’: ¡era el momento preciso en el que Woolfson empezaba a pensar en una composición de gran amplitud! Imperdible, realmente imperdible. También tenemos rarezas reveladoras como sendas versiones de ‘May Be A Price To Pay’ y ‘The Turn Of A Friendly Card (Part 2)’ con intervenciones más destacadas del guitarrista Bairnson: un solo de guitarra que se omitió en la versión definitiva de la primera canción y un solo más extenso que al final tuvo que cortarse para la segunda por causa de la irrupción de los arreglos orquestales de bronces y cuerdas al primer plano. También están las versiones de sencillo de ‘Games People Play’, ‘The Turn Of A Friendly Card’ y ‘Snake Eyes’: la segunda de éstas, que sintetizaba las Partes 1 y 2 fue la primera vía de acceso al gran público de este long-play porque se publicó un mes antes del mismo. Volviendo al volumen 1, tras el repertorio oficial del disco, hallamos sendas maquetas hechas por Parsons a los sintetizadores (uno de ellos, su propio Projectron) para la fanfarria prologar de ‘May Be A Price To Pay’ y para ‘The Gold Bug’: la idea inicial de Parsons fue hacer de la primera una pieza con un lugar autónomo dentro del disco, pero ya sabemos que se insertó como preparación para las secciones cantadas. Todo esto suena como maquetas para un disco de JEAN-MICHEL JARRE, algo muy revelador del lugar que la electrónica tiene en la mente musical de Parsons. También encontramos dos versiones de la pista básica de ‘Nothing Left To Lose’ con la guía del dúo de pianos acústico y eléctrico de Woolfson, finalmente reemplazado por una dupla de guitarras acústicas; la segunda de estas pistas contiene no solo el canto de Woolfson sino también el flotante solo de sintetizador que finalmente fue reemplazado por el acordeón. Siguiendo con esta canción en particular, también se nos brinda una recopilación de geniales coros y armonías sobregrabadas de Chris Rainbow: un homenaje totalmente oportuno que también implica un tremendo placer melómano para nosotros.   



En el libro que acompaña a esta reedición hallamos entrevistas a Bairnson, Paton, Elliott y Zakatek, así como al propio Parsons. Éste recuerda que la grabación de la parte rockera del disco duró menos de dos meses – siendo así que por lo habitual empleaban varios meses – y cuenta que en una reciente visita al Acousti Studio percibió que se mantenía actualizado en la tecnología de sonido. La rutina consistía en viajar de Niza a París para regresar a Mónaco y disfrutar de la vida familiar: ya el disco anterior “Eve” había sido grabado en Niza pero para esta nueva ocasión el dúo creador prefirió la capital francesa. Aprovechando la estadía monegasca, Parsons, Woolfson y sus esposas disfrutaron del Monaco Grand Prix de Fórmula 1 que tuvo lugar por aquel entonces. Por su parte, los músicos recuerdan la generosidad de Woolfson a la hora de llevarlos a pasear por lugares significativamente históricos de París, invitándoles costosos almuerzos en lugares de lujo… y también cómo a veces le decían a Woolfson en las sesiones de ensayo cosas como “no nos gusta mucho esta pieza que estás tocando, ¿no tienes otra que sea mejor?”. Según Paton, la primera sesión de grabación para ‘Games People Play’ fue genial pero quedó borrada de las máquinas del estudio al sufrir un horrible desperfecto: aunque los cuatro músicos estaban un poco decepcionados de que el momentum haya quedado borrado de uan forma tan desafortunada, el conjunto se dio maña para repetir la magia inicial un par de horas después con los magníficos resultados que todos conocemos. También tenemos en el libro la interesante anécdota sobre la nacionalidad francesa de los músicos que tocan el saxofón en ‘The Gold Bug’ y el acordeón en ‘Nothing Left To Lose’… ¡y que sus nombres se perdieron en la niebla de la historia porque no quedaron propiamente anotados en los archivos de Parsons y de Woolfson! Bueno, al menos les pagaron sus cuotas debidas por el trabajo hecho. Todo esto fue lo que se nos mostró en esta reedición de lujo de “The Turn Of A Friendly Card”, el recuento minucioso y entrañable de una época de particular esplendor creativo de la dupla Alan Parsons-Eric Woolfson, y con este recuento estamos dispuestos a echar una mirada nueva a este disco que muchos consideramos (como ya se señaló antes) como la obra cumbre de THE ALAN PARSONS PROJECT. 




Muestras de “The Turn Of A Friendly Card”.-
The Ace Of Swords + Nothing Left To Lose: https://www.youtube.com/watch?v=kKSZeEUk6Io  
Games People Play [video-clip del single]: https://www.youtube.com/watch?v=SLi7Ljcy6n8
The Turn Of A Friendly Card (Parts 1 & 2) [video clip del single]: https://www.youtube.com/watch?v=kyDw_zbOZOk
May Be A Price To Pay (maqueta del pasaje introductorio): https://www.youtube.com/watch?v=C7nWKVFVSmY
The Gold Bug (maqueta): https://www.youtube.com/watch?v=ACB22j7tQP8 



* Esta figura del vigilante omnisciente situado en el top de nuestras cabezas volverá en el hit homónimo del siguiente LP “Eye In The Sky”, aunque ése es tema de otra reseña. 

Friday, March 10, 2017

DARRYL WAY: leyendas, relatos y algo más

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DARRYL WAY, el histórico violinista-teclista de CURVED AIR (ese grupo cuya estupenda frontwoman era Sonja Kristina y que también incluía a un genio como Francis Monkman en las filas de su alineación clásica) siempre es recordado como uno de los personajes más virtuoso y exquisitos de la tradición progresiva británica; pues bien, él nos trajo a fines de marzo del pasado año 2016 un disco conceptual titulado “Myths, Legends And Tales”, por vía de su propio sello fonográfico Right Honourable Records. El buen DARRYL WAY ya tiene sobre sus espaldas un interesante currículum solista como líder del proyecto DARRYL WAY’S WOLF (tras su primera temporada en CURVED AIR) y trabajos estrictamente solistas (siendo el primero “Concerto For Electric Violin”, de 1978). Con el nuevo milenio, WAY ha sabido mantenerse en actividad: en este último decenio ya tenía en su haber los discos “Ultra Violins” y “Children Of The Cosmos” antes de llegar a “Myths, Legends And Tales” Haciéndose cargo él mismo de toda la instrumentación plasmada en el repertorio del álbum que ahora tenemos en nuestras manos – violines, teclados, programaciones de ritmos y orquestaciones, y canto –, WAY luce su maestría y creatividad a la hora de focalizar un atractvio eclecticismo de rock sinfónico, jazz-pop, rock melódico de sensibilidad popera y ocasionales atmósferas emparentadas con el folk-rock y la onda new age: todo ello a lo largo de los 53 minutos y pico que dura este nuevo repertorio.

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Con la dupla de ‘Apollo (Racing Against The Sun)’ y ‘Orpheus And The Underworld’, que ocupa un total de casi 10 minutos, el álbum comienza con muy bien. El tercer tema se titula ‘Whatever happened’ y su función es la de. Cuando llega el turno de ‘Dove Of Peace’. Con la dupla de ‘Apollo (Racing Against The Sun)’ y ‘Apollo (Racing Against The Sun)’, que ocupa un espacio de casi 11 ¼ minutos, el álbum comienza con un muy buen despliegue de sonoridades llamativas. Para el caso de ‘Apollo (Racing Against The Sun)’ tenemos un ejemplo perfecto de marchosa vitalidad dentro de un esquema de trabajo propiamente sinfónico. La alternancia entre grooves frenéticos y reposados está manejada con una fluidez tremenda mientras la amalgama de violín y orquestaciones de teclados se explaya en una fastuosidad convincente. Por su parte, ‘Apollo (Racing Against The Sun)’ completa la faena inicial con una atmósfera exquisita que solventemente cobija a un desarrollo melódico sutil y gentil, muy inspirado en el folk mediterráneo. Con la inclusión de una efectiva intensificación en el esquema rítmico y el ambiente durante la sección intermedia, la pieza asume un enriquecimiento vital para su núcleo melódico. El aura de señorial sofisticación que se va desplegando a lo largo del camino ayuda a esta pieza a instaurar el primer cénit del repertorio. Una pieza que muy bien puede pasar como un híbrido entre el GENESIS de la segunda mitad de los 70s y la mejor época de THE ENID. El tercer tema se titula ‘Whatever Happened’ y su función es la de poner algo de entrañable ligereza pop-rockera a nuestra experiencia melómana, eso sí, añadiendo ornamentos sinfónicos en la sección intermedia. Cuando llega el turno de ‘Dove Of Peace’, WAY se propone mantener por un rato más el espíritu optimista en curso pero esta vez usando cadencias blueseras con inclinaciones de country-rock. Si podemos imaginar a qué sonaría una canción perdida de THE GRATEFUL DEAD transformada radicalmente en una renovadora cirugía musical bajo las pautas conjunta de THE ALAN PARSONS PROJECT y los CAMEL de fines de los 70s, pues en esta agradable canción tenemos el foco mental adecuado.

‘Strange Goings On’ es una canción muy bella que nos devuelve a la faceta más serena del cosmos musical de WAY: centrándose en un estilizado híbrido de sinfonismo de vieja escuela y cálidos grooves jazzeros, esta semi-balada hace resonar desde el mismísimo punto de partida la magia evocativa que se desprende de su estructura melódica y de los refinados arreglos orquestales que completan la periferia de las bases de piano. Tal como sucedió en otros temas precedentes, la sección intermedia nos premia con una variante de atmósfera y motif diseñada para realzar la prestancia inherente a la canción. También tenemos aquí uno de los solos de violín más intensos del álbum. Otro punto climático del álbum, no nos cabe duda al respecto. ‘Aphrodite’ tiene la complicada misión de suceder a tan tremenda canción y la realiza dándole un nuevo giro de tuerca la dimensión contemplativa de WAY. Esta vez tenemos aquí un ejercicio de jazz-pop lírico alimentado por una suavidad tenue que coquetea con el new age: una composición así no hubiese estado fuera de lugar en alguno de los tres primeros discos de SKY, pero claro, el solo de violín se apodera rápidamente de la situación para hacer gala de la real personalidad que ha creado esta pieza. Un tema muy bello y muy evocativo que también merece elogios especiales. El séptimo ítem del disco se titula ‘The Ice Man’ y su rol es el de seguir ahondando en este momentum introspectivo que aún no quiere finalizar: en efecto, tenemos aquí una balada elegante, dueña de vibraciones conmovedoras que son fáciles de advertir aunque nunca se desbordan a lo patético ni nada por el estilo. Podemos decir que tiene una esencia reflexiva más que propiamente triste. Nos vamos acercando al final del disco con la dupla de ‘Crusader’ y ‘Helter Skelter’: ‘Crusader’ persiste en el esquema de balada sobre un compás de 3/4 con raigambre renacentista y añadidos matices fusionescos, mientras que ‘Helter Skelter’ (no, no se trata de una versión de ese clásico bombazo rockero de THE BEATLES del año 1968) se centra en retomar la ambientación predominante de ‘Dove Of Peace’ mientras le añade factores jazz-rockeros dentro de un marco estilizadamente sinfónico al modo de la primera pieza del disco. Tenemos ocasión para un fabuloso solo de violín a lo JEAN-LUC PONTY.   

Cierra el álbum ‘Prometheus Chained’, canción cuya letra es extraída del celebérrimo drama lírico de PERCY BYSSHE SHELLEY Prometheus Unbound (traducido habitualmente como Prometeo Liberado): dicho sea de paso, también es la canción más extensa del repertorio con sus poco menos de 9 minutos de duración. Como es de esperar, la ocasión resulta más que idónea para que WAY utilice todos los instrumentos y programaciones a su disposición para desplegar una ampulosa ingeniería melódica basada en los legados del barroco y el romanticismo, sin faltar algún elemento gótico ocasional que sirve fundamentalmente para instaurar algún recurso de tensión. Pero ante todo, tenemos aquí una muestra climática de ostentosa luminosidad progresiva dentro de los cánones habituales de la vertiente sinfónica. La voz de WAY solo emerge en las instancias finales para recitar, sobre un transfondo de ceremoniosa plétora, las magníficas palabras que SHELLEY pone en boca de Demogorgon en el final de su obra: “To love, and bear; to hope till Hope creates / From its own wreck the thing it contemplates; / Neither to change, nor falter, nor repent; / This, like thy glory, Titan, is to be / Good, great and joyous, beautiful and free; / This is alone Life, Joy, Empire, and Victory.” El permanente talante celebratorio de la pieza llega aquí a justificar su jovial espiritualidad con total plenitud. Una bellísima manera de cerrar el disco. Todo esto fue “Myths, Legends And Tales”, un disco que nos revela a un DARRYL WAY aún capaz de aportar muy constructivos granos de arena a la inmensa tierra del rock progresivo en el nuevo milenio, ahora que estamos en la segunda mitad de su segundo decenio. Con discos así, queda claro que el rock progresivo es mucho más que una leyenda.


Muestra de “Myths, Legends And Tales”.-
The Ice Man: https://www.youtube.com/watch?v=skTyanhy2pk