Thursday, September 21, 2017

Operación #12 de FRENCH TV


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Buenas noticias, las mejores noticias desde los cuarteles de invierno de Mike Sary en Lousiville, Kentucky. Bajista y líder permanente de FRENCH TV (además de constructor de efectos sintetizados y loops), Sary y el resto del susodicho ensamble estadounidense de música avant-progresiva acaban de lanzar al mercado un nuevo trabajo fonográfico a mediados del pasado mes de setiembre bajo el título de “Operation:  MOCKINGBIRD”. Se trata del decimosegundo ítem de su largo currículum vitae, siendo publicado en la red de Bancamp del este último 13 de setiembre. La edición física se complementa con la publicación virtual en el blog de Bandcamp de FRENCH TV. Los compañeros de viaje de Sary en esta ocasión son Katsumi Yoneda [guitarras], Patrick Strawser [teclados] y Mark L. Perry [batería], además de los invitados ocasionales Ludo Fabre [violín], Karl Ledus [saxos y flauta] y Nico Fabre [teclados]. Yoneda, integrante del genial grupo japonés prog-sinfónico TEE, repite plato desde los días del disco precedente “Ambassadors Of Good Health And Clean Living” (2016), y lo mismo vale para Perry. Otro vínculo con el álbum precedente es que el grupo sigue dispuesto a explorar con meticulosa profundidad las aristas más jazzeras y Canterburyanas de su variopinta propuesta musical, ese caleidoscopio sónico tan elegante como extravagante que el grupo ha cultivado consistentemente desde la ya lejana década de los 80s. Eternos desconocidos para el mainstream y perpetuas figuras de culto al margen de la élite progresiva que se ha venido reforzando en los últimos 25 años, los FRENCH TV se han mantenido al pie del cañón con una ideología musical que mezcla lo bello con lo desafiante, lo arquitectónico con lo dadaísta. Bueno, veamos ahora los detalles de “Operation:  MOCKINGBIRD”.

Durando poco menos de 2 ½ minutos, ‘Ghost Zone’ abre el álbum con un despliegue de climas etéreos cuya serena majestuosidad nos recuerda en algo a la dimensión introspectiva del cosmos musical de ALLAN HOLDSWORTH. Se trata de algo no muy usual en el propio cosmos de FRENCH TV, pero le damos la bienvenida. Luego sigue ‘Noble Obelisk’, un tema muy metido en el legado del jazz-fusion de RETURN TO FOREVER y WEATHER REPORT en cuanto al esquema básico de su swing, mientras que su vitalista esquema melódico nos lleva por las sinuosas y sistemáticas travesuras de FRANK ZAPPA del mismo modo que nos transporta a la magia elegante de los inolvidables HAPPY THE MAN. Una aguda mezcla de chiquillada y señorío nos muestra este ensamble con esa aureola de jovial exquisitez que es entrañable marca de la casa. ‘Urgent Fury’ emplea su considerable espacio de 8 ½ minutos para expandir los horizontes sonoros claramente delineados en la pieza anterior en aras de sacar lustre al colorido de las interacciones instrumentales y al dinamismo variado de las múltiples mudanzas de ritmo y ambiente. Transitando fluidamente del Canterbury al jazz-rock y de allí a una modalidad festiva de rock-in-opposition en caminos de ida y vuelta, el ensamble se suelta en un carrusel de ingenios musicales que no tiene cómo parar. Contamos un par de asombrosos solos de sintetizador en el camino, así como algunos mayestáticos solos de guitarra que nos recuerdan al modelo de Phil Miller (NATIONAL HEALTH, HATFIELD AND THE NORTH). Tenemos aquí uno de nuestros ítems favoritos de “Operation:  MOCKINGBIRD”. El cuarto tema se titula ‘Tree Incident’ y su función consiste básicamente en concentrarse en los elementos más directamente vivaces de los sofisticados embrujos planteados en las dos piezas precedentes, haciendo un uso menos rotundo de la infaltable complejidad pretenciosa progresiva... bueno, en este caso, se trata de algo jazz-progresivo que combina la claridad melódica de lo sinfónico con el groove suntuoso de lo jazzero. Los pasajes extravagantes están allí pero son menos gravitantes... y una vez más, disfrutamos de algunos solos de sintetizador en los que se exorciza al unísono a las figuras de Jan Hammer, Kit Watkins y Alan Gowen.

Hay dos temas del repertorio que duran poco menos de 10 ¾ minutos: ‘Golden Pheasant Of The Infinite Reach’ y ‘Vigilant Sentinel’. El primero de ellos (otro favorito nuestro) estructuralmente se enfoca en desarrollar una síntesis entre la elegancia jubilosa de la pieza #4 y la traviesa gula sonora de la pieza #3, dando tal vez algo de prioridad a la primera de estas dos dimensiones. El contexto que el grupo crea para desarrollar la ilación de los increíblemente sofisticados motivos es esencialmente cálido, por lo que siempre da la sensación de que cada músico involucrado en esta ingeniería musical se acomoda muy a sus anchas dentro del entramado común. Simpático el empleo de algún interludio de tono reggae y otro en clave blues-rockera en ciertos lugares estratégicos, lo cual nos toma por sorpresa. Por su parte, ‘Vigilant Sentinel’ acoge la lógica de la arquitectónica diversidad que ha venido imperando consistentemente desde el segundo tema del disco y le da una agilidad diferente, una soltura acrecentada que permite a los aportes instrumentales desenvolverse con astuta alegría a través de los siempre exigentes florecimientos multitemáticos. el viraje psicodélico para el pasaje epilogar es un detalle curioso y efectivo. Hay un innegable aire de familia con Golden Pheasant Of The Infinite Reach’, queda claro, pero hay algo en el donaire de esta séptima pieza del álbum que se siente muy propio. En medio de ‘Golden Pheasant Of The Infinite Reach’ y ‘Vigilant Sentinel’ se sitúa ‘Nimrod Dancer’, tema que comienza dando predominio al aspecto jazz-rockero, aunque no tarda mucho en abrir espacios para el surgimiento de algunos recursos aparentemente caóticos de señorial absurdidad al modo del gran ZAPPA. También hay una apertura a factores prog-sinfónicos cerca del final en ciertos pasajes donde parece reconstruirse un hermanamiento entre los paradigmas de HAPPY THE MAN y GENTLE GIANT. La manera en que el grupo adorna con grácil irisación esos momentos extravagantes a los cuales hicimos alusión antes hacen inevitable recordar a los RASCAL REPORTERS y, en menor medida, a FROGG CAFÉ. 

Los últimos 3 ¾ minutos del disco están ocupados por ‘Silent Years’, una especie de sonata cósmica donde las flotantes escalas de piano son acompañadas por grisáceos retazos de sintetizador, una combinación diseñada para expresar una envolvente irradiación de otoñal melancolía. Tras haberle hecho pasar por varias fases de jolgorio, al oyente se le reserva el necesario rellano introspectivo para el epílogo. En total, han sido alrededor de 56 minutos de gloria musical lo que nos han brindado los FRENCH TV con éste, su nuevo disco. En líneas generales, y tal como señalamos en el primer párrafo de la presente reseña, este disco prosigue a paso firme por las pautas de predominio del factor jazz-rockero derivadas del disco anterior “Ambassadors Of Good Health And Clean Living”, pero también cabe enfatizar el hecho de que se abre espacios grandes a la creación de ambientes y texturas jovialmente extravagantes que conformaban la esencia de la grandeza de sus mejores discos entre fines de los 90s e inicios del nuevo milenio. Así pues, “Operation: MOCKINGBIRD” es una labor de síntesis estética que brinda a FRENCH TV una nueva instancia de grandeza dentro de la élite avant-progresiva de su país, y cómo, también del mundo entero. ¡Recomendado al 200%!


Muestras de “Operation: MOCKINGBIRD”.-

Tuesday, September 19, 2017

FATES WARNING: 20mo. aniversario de los tonos grises del alma


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR MENDOZA.

Hoy viajamos a través del pasado remontándonos a 20 años y meses más atrás, para decirlo con mayor especificación, nos vamos al día 22 de abril del año 1997 que fue cuando el grupo estadounidense FATES WARNING lanzó al mercado su octavo disco de estudio: “A Pleasant Shade Of Gray”. Con este disco conceptual se inició una nueva fase dentro de la trayectoria de esta banda pionera de la vertiente prog-metalera del gran escenario progresivo del mundo. FATES WARNING y WATCHTOWER fueron mencionados varias veces por los más mediáticos DREAM THEATER como referentes pioneros de esta modalidad de avanzada rockera. Para el tiempo de “A Pleasant Shade Of Gray”, el grupo estaba reducido al trío de Jim Matheos [guitarras y composición], Roy Alder [canto] y Mark Zonder [batería y percusiones electrónicas y acústicas]. Matheos estaba decidido a dar un viraje renovador al esquema sonoro de la banda tras tantear una musicalidad vivaz y llamativa en los dos discos precedentes “Parallels” (1991) e “Inside Out” (1994): ahora la idea era explorar texturas, atmósferas sombrías y utilizar el rol de los teclados con mayor insistencia, todo ello de acuerdo a la temática introspectiva y turbada de las letras. Pero también es verdad que la logística del grupo estaba obligando por otro lado a que se replanteara drásticamente la logística grupal, pues era la primera vez en la historia de FATES WARNING que el personal incluía a un solo guitarrista. El socio eterno de Matheos, Frank Aresti, se fue la banda tras la gira del “Inside Out”, y el bajista Joe Di Biase también hizo lo propio. Ante estas circunstancias, tuvo que entrar en acción el bajista Joey Vera, todavía como mero colaborador y no como miembro oficial, aunque su rol bastante activo como ingeniero de sonido, y luego productor del vídeo en vivo de la gira de este disco, le abrirían pronto las puertas para una membrecía oficial. En lo referente a la labor de los teclados, Kevin Moore – amigo personal de Matheos y desde tres años atrás desertor de DREAM THEATER – se hizo cargo del asunto, pero se mantuvo en una posición de concentrarse exclusivamente en su carrera solista y ser estrictamente un colaborador en las labores de estudio. Ni siquiera estuvo presente en las actuaciones en vivo para la gira de promoción del disco en cuestión. El disco fue producido por Terry Brown, conocido principalmente por trabajar en muchos álbumes clásicos de los legendarios RUSH: él no era nuevo en el mundo de FATES WARNING pues él produjo el disco de 1991 “Parallels” e incluso habrá e volver a las labores de producción para el siguiente disco de estudio “Disconnected” (2000).


Tal como mencionamos anteriormente, la presencia de los teclados es crucial en el nuevo sonido de la banda, realzando con sus cortinas, arpegios y orquestaciones varias el tono sinfónico que los FATES WARNING querían insertar en esta nueva fase de su carrera, pero también hay algunos factores de inspiración industrial en la ecuación global. De este modo, los aportes de tambores electrónicos a cargo de un siempre magistral Zonder también resultan de particular relevancia. Matheos, siendo el guitarrista menos acrobático del grupo, mantiene un perfil bastante discreto dentro del gran entramado instrumental: solo hay dos solos a lo largo de la secuencia de doce partes del concepto, y por lo general, su labor está centrada en los armados de riffs y secuencias armónicas. El mayor síntoma de virtuosismo de su parte está manifestado en un hermoso pasaje de guitarra clásica en cuyos detalles entraremos más tarde. ¿Y qué decir del desempeño vocal de Alder? Simplemente fenomenal, siempre capaz de mantener los diferentes matices de la densidad emocional que atraviesa sigilosa y penitentemente a todo el álbum. El talante expresionista de “A Pleasant Shade Of Gray” no está concentrado en la exaltación de múltiples colores sino en la minuciosa ingeniería de sonidos, compases y ambientes que conforman el esqueleto y la piel musicales de cada sección, siendo así que una solo completa su sentido en la ilación de todas ellas. Eso impone el tono reflexivo y melancólico del repertorio, aunque no está exento de pasajes rápidos, que quede claro, en todo caso, es lo impresionista lo que más se destaca con el uso mayoritario de puntillazos y retazos de color. Moore, siendo sobre el papel un mero invitado (de lujo), recibe espacio suficiente para dar buena rienda a su personal manejo claroscuro y denso de las cortinas y adornos de los teclados, creando así un crucial realce de la emotividad grisácea y señorial del repertorio. Concebido como una pieza única de más de 50 minutos de duración, Matheos finalmente cedió a la presión de la casa discográfica para que dividiera a la misma en 12 secciones con los parcos títulos de Part I, Part II, etc. 



La primera parte avisa de forma clara y honesta el tipo de inquietud emocional que va a desplegarse en diversas trombas a lo largo del disco: por ahora, tenemos la parca emisión de uno de los motifs recurrentes y el anuncio de una noción constante: “So where do we begin / And what else can we say? / When the lines are all drawn, / What should we do today?” La secuencia de las partes segunda y tercera se adentra con una prestancia imponente por los parámetros metaleros con una soltura mágica que es resultado de las cadencias manejadas en el momento: de hecho, hay un vigor especialmente afilado en la Parte II que se resalta muy convenientemente con el filtro mecanicista que se pone al canto de Alder durante las mudanzas. Part II porta una mayor fiereza emocional mientras se centra en un tempo menos intenso... pero igualmente está allí la furia rigiendo las fuerzas sónicas bajo las cuales opera el bloque instrumental. Part IV tiene menos letras que las dos precedentes, lo cual permite al ensamble adentrarse con más fruición en la presión emocional reinante: persistente e intransigente, su convincente vitalidad marca un momento de precisa luminosidad sinfónica. Como anécdota simpática, nótense las breves citas del clásico del segundo álbum de DREAM THEATER ‘Take The Time’ en el rollo instrumental. La Part V prosigue por esta senda de elástica fastuosidad con sus poco menos de 5 ½ minutos de duración enmarcados en una ilación de diversos grooves y variados recursos melódicos hilados con compacta minuciosidad. También tenemos en esta instancia el primer pasaje donde se hace esta proclama tan cruel como derrotada: “Let nothing bleed into nothing / And did nothing. / Let nothing bleed into nothing / And did nothing at all.” Furia que se desgarra mientras se vuelca sobre la misma conciencia que la sostiene. La sexta parte escarba insistentemente en este vestigio de vulnerabilidad para desplegar un conmovedor clima de balada progresiva: durando casi 7 ½ minutos, sus delineamientos melódicos transitan bajo las guías conjugadas de MARILLION, GENESIS y PINK FLOYD. La fastuosidad introducida en la instancia inmediatamente anterior se torna aquí retrato sonoro del último fulgor del crepúsculo. Tremendo testamento del remordimiento el que hallamos en estas líneas: “And I know we can't turn back all the years, / Time reflected in a shade of gray, / but I often wonder what could have been / And I still hold on to yesterday.” Las lánguidas capas graves de sintetizador del epílogo funcionan como un necesario momento de calma tras esta gloriosa tormenta de temerarios lamentos: Alder vuelve a enunciar la pregunta con que inició su canto para anticipar una nueva tormenta, la que viene diseñada por la siguiente sección, la gloriosa Part VII.

  

Part VII está situada en el mismo corazón de la suite con un excelente criterio estratégico pues su núcleo temático y su poesía retoman ideas precedentes, proveyendo al primero de una musculatura renovada y a la segunda con una vehemencia remodelada bajo cuyo fragor la furia insistente adquiere matices de cinismo y de incertidumbre. Haciendo un uso medido pero convincente de la polenta rockera, esta pieza instaura un momentum irrefrenable; el clamor de “Guzabe! Guzabe!” trastoca su usual espiritualidad animosa a otra horrorífica y paranoide. La conciencia proyecta en el éter un espejo imaginario sobre sí mismo y se observa maquinando utopías desesperadas: “Stare from the darkness. / Hear the silence call? / Devise divisions, delay decisions, Watch the hours crawl and...” Y… la respuesta al enigma llega con la enésima afirmación de la propia indolencia que nada gana a fin de cuentas con sus golpes de pecho: “… Let nothing bleed into nothing / And do nothing? / Let nothing bleed into nothing / And do nothing at all?” He aquí el momento en que los recursos de vitalidad rockera vertidos en las partes segunda, tercera y quinta se sintetizan de manera decisiva, siendo así que Part VIII está diseñada para completar debidamente el regio empuje del bloque instrumental. Mientras el encuadre de guitarra, bajo y batería elabora un clímax crucial a su propio ritmo, los teclados promueven un subterfugio de clasicismo barroco, primero con ominosos serpenteos de piano, y luego impulsando un hermoso trío de piano y dos guitarras clásicas. Todos esos aleteos y marejadas de arpegios aterrizan en una minúscula serie de golpes sincopados en 12/8 que no nos permite olvidar que la tensión emocional es, al fin y al cabo, la fuerza guía de la suite. Ese trío de piano y dos guitarras clásicas es tal vez el retrato de una llovizna de lágrimas solitarias. Part IX cambia notoriamente de registro hacia un esquema de balada, una bellísima balada que incluye el solo de guitarra más penetrante del disco. La conciencia se da un momento de reposo para dejarse llevar por la faceta más dulce de la nostalgia: “Where you are, I am / Through nights that never end. / Where you are, I am / In words I'll never send.”


  

Part X es una breve incursión industrial cuyas vibraciones etéreamente modernistas instalan un oportuno puente entre el mullido romanticismo de Part IX y las expresividades más sueltas que nos esperan en lo que queda del álbum. Part XI vuelve por la vía de las vibraciones y estremecimientos de tenor focalizadamente metalero, traduciendo la estilizada candidez del paraje final de la octava parte en el centro temático bajo la ingeniería dual de guitarra y bajo.  Mientras eso sucede, la batería de Zonder impone su particular señorío en el procedimiento de llenado de espacios: un swing magnífico, una vitalidad elegante, redobles increíbles donde la fuerza del rock se reviste de una elegancia inaudita. Tenemos aquí revisiones de los espíritus de las partes cuarta y quinta con ecos añadidos de la garra que marcó a la segunda. Y bien, tiene que llegar el momento de la sección final, Part XII, cuyas secciones inicial y final se apoyan sobre el juego de síncopas con el cual había terminado Part VIII, pero esta vez en base a los cortantemente parcos fraseos de la guitarra. El tipo de vitalidad que la guitarra aporta según estas circunstancias logra permanecer bien asentado en la aureola de añoranza y aflicción que ha reinado a lo largo de todo el disco. Por su parte, la sección intermedia se centra en un compás de 10/8 por vía de una cadencia majestuosa que da la apariencia de espiritualidad distante, pero que tal vez sea el comienzo de una serenidad largamente requerida (o la esperanza de ese comienzo): las líneas finales son muy elocuentes al respecto “Face to face we'll awake / To see another day / And with hope in our hearts / Embrace this shade of gray, / This pleasant shade of gray.” Esa mezcla de languidez y estoicismo que  se exterioriza en el canto final de Alder en consonancia con la letanía minimalista de la guitarra resuena como un oráculo que responde a los últimos remordimientos expresados en líneas como éstas: “I remember winter / And I remember strain / Like the sound of your voice, breaking,  / These memories and more remain.” Tras unos minutos de silencio suena el despertador de un reloj, el clamor del nuevo día que efectivamente reclama nuestro decisivo despertar.


  

En cuanto a las versiones en vivo de esta obra completa, hay dos referentes fonográficos precisos: uno es el vídeo “A Pleasant Shade Of Gray - Live” y el otro es el doble CD en vivo “Still Life”. El primer ítem fue publicado originalmente en VHS a inicios de 1998, siendo así que el personal que tocaba sobre el escenario constaba de Matheos, Alder, Zonder, Vera y el teclista Ed Roth. Vera intensificaba su presencia en el grupo haciéndose cargo de la producción y filmación del material visual que complementaba al concepto del álbum dentro del contexto de un concierto. En una ulterior reedición doble de “A Pleasant Shade Of Gray” se incluía este vídeo como DVD que acompañaba al CD original: el sello Metal Blade se encargó de esto en el año 2006. En cuanto a “Still Life”, se trata de un doble CD en vivo publicado en octubre del mismo año 1998 en el que el primer volumen estaba íntegramente dedicado al disco conceptual que ahora nos ocupa. En esta ocasión, el músico invitado a los teclados es Jason Keaser. Como el segundo volumen contenía temas de discos anteriores, la presencia de otro guitarrista resultaba obligatoria, por lo que el grupo convocó a Bernie Versailles para cumplir con ese rol. La idea de comenzar la segunda parte de este repertorio con una suite tan enorme como ‘The Ivory Gates Of Dreams’ es bastante osada, pero todo sale bien de acuerdo al buen oficio que siempre caracterizó a FATES WARNING. Bueno, aquí termina ya nuestra retrospectiva de “A Pleasant Shade Of Gray”: un trabajo creado con ambiciones musicales tan monumentales y ejecutado con tanto oficio y tanta sensibilidad debe quedar inscrito en la historia como uno de los discos más relevantes del género metal-progresivo, aunque en verdad el producto final llegaba a desafiar las barreras habituales del susodicho género. Posiblemente lo más justo es evaluar su presencia en la historia del rock de los 90s como una apuesta por un nuevo talante dentro de la avanzada progresiva de aquel entonces: como sea… ¡qué gran disco! Sería un grave crimen de la filosofía estética del rock olvidarlo ya que desde este humilde foro virtual lo reivindicamos como una obra maestra definitiva de FATES WARNING.



Muestras de “A Pleasant Shade Of Gray”.-








Retrospectiva originalmente publicada en el blog Rock & Prog en el día 2 de setiembre del 2017.
Enlace:  https://rockandprog.wordpress.com/2017/09/02/fates-warning-20-anos-de-a-pleasant-shade-of-gray/




[Esta retrospectiva está en cierta medida basada en la reseña originalmente publicada en La Caja de Música: enlace https://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/fateswarning_apleasantshade.html]

Saturday, September 16, 2017

La cosmología progresiva e integral de KOTEBEL


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Esta ocasión es muy especial como lo son todas en las que aprovechamos el momento para hablar de KOTEBEL, una de las bandas indiscutiblemente punteras de la vanguardia progresiva española desde hace muchísimos años. Bueno, es que el grupo es de por sí una especie de institución de estricta y genial creatividad musical a nivel mundial... aunque ahora valdría aumentar la expresión a nivel cósmico. “Cosmology” es el título de su más reciente obra fonográfica, la cual lleva consigo en buena medida el impulso de los dos discos precedentes (“Ouroboros” del año 2009 y “Concerto For Piano And Electric Ensemble” del año 2012) mientras traza algunos senderos nuevos dentro de la bien establecida provincia musical que define la ambiciosa esencia estética de KOTEBEL. El disco en cuestión ha sido publicado en el pasado mes de julio. La continua alineación de Carlos Franco Vivas [batería y percusión], César García Forero [guitarras], Jaime Pascual Summers [bajo], Adriana Nathalie Plaza Engelke [piano y teclados] y Carlos Guillermo Plaza Vegas [teclados] gesta e instaura un bloque sonoro rotundamente prolijo bajo unas coordinadas estilísticas que ya conocemos bien quienes hemos disfrutado a rabiar de sus trabajos anteriores, pero además, el flautista Omar Acosta se hace presente en el disco como invitado especial y recurrente. Sus insumos son muy bienvenidos al entramado sonoro de la banda, aportando colores adicionales que realzan algún motif pro aquí, creando un solo saltarín por allá, o simplemente complementándose plenamente con la orquestación grupal en algún momento especialmente solemne: la flauta se adapta muy bien a las circunstancias del momento, como ya sabíamos desde siempre quienes estamos familiarizados con los discos de KOTEBEL entre el 2003 y el 2006 (inolvidable “Omphalos”, ¿a que sí?). Adelantamos desde ya que el resultado de “Cosmology” nos sigue dando motivos de sobra para considerar a KOTEBEL como una entidad proveedora de mágicos goces melómanos, pero mejor es que pasemos ahora a revisar los detalles del repertorio del disco en cuestión, ¿vale?



Ocupando un espacio de poco menos de 8 ½ minutos, ‘Post Ignem’ da inicio a las cosas con una levemente predominante aura de mística solemnidad, pero ésta se acomoda grácilmente a un despliegue ecléctico de atmósferas que abarcan también grooves saltarines de personalidad fusionesca, momentos marcados por una sobria lobreguez y despliegues de envolvente lirismo, siendo así que el conjunto sonoro ostenta una señorial corpulencia. Gran inicio de álbum. Más adelante tenemos dos composiciones del guitarrista García Forero: ‘Mishima’s Dream’ y ‘Dante’s Paradise Canto XXVIII’ (siendo esta última una versión remaesterizada del proyecto de COLOSSUS “Dante’s Paradiso”). La pieza que porta en su título el nombre del alucinado y torturado genio Yukio Mishima muestra desde el inicio una garra sólida bajo la guía de la guitarra. La cadencia general de la pieza es razonablemente comedida, siendo así que la dupla rítmica saca buen provecho de la vitalidad autoconstreñida del momento para sostener con pulso firme las labores de los teclados y la de la propia guitarra. El tenor grisáceo del pasaje final parece retratar el negro umbral de la muerte hacia el cual se enrumbó orgulloso el espíritu conflictuado que tanta gloria dio a la narrativa japonesa del siglo XX. Por su parte, el tema con título dantesco, que dura poco más de 7 ¼ minutos, ostenta una parsimonia elegante y sobria, siendo así que las guitarras eléctrica y acústica se encargan de sostener la ingeniería global que el grupo articula con magnífica precisión en torno a los motivos centrales sucesivos. Los juegos armónicos y las capas son los aportes fundamentales de los teclados por lo que se pueda resaltar ante nuestros oídos la labor de la dupla rítmica, la cual está a cargo de reflejar el despliegue místico de la maquinaria del Más Allá. El breve solo de guitarra que emerge a partir de la barrera del quinto minuto y tres cuartos añade un poco de musculatura al asunto, aunque sin trastocar un milímetro del equilibrio general que se labra con finísima sensibilidad entre los instrumentistas. En medio de estas dos piezas se sitúa ‘A Bao A Qu’, un hermoso ejercicio de fusión progresiva sostenido sobre un esquema rítmico ágil y complejo. El matrimonio de los fraseos de la guitarra y las capas de teclado exhibe una majestuosidad juguetona sin llegar a lo trivial, siempre manteniendo un talante de impoluto señorío y luminoso carisma.


  

Hemos dejado para este momento de la reseña a la serie de piezas 2-5, o sea, los cuatro temas que conforman la ‘Cosmology Suite’. El primero de ellos – compuesto por Adriana Plaza – se titula ‘Geocentric Universe’ y está bastante metido en una línea de trabajo jazz-progresiva donde se conjugan ágilmente los aires del jazz y la vitalidad estilizada de lo sinfónico. La amalgama de los instrumentos revela una complicidad bastante sólida dentro de un foco creativo que parece centrarse principalmente en lo rítmico y las cadencias bajo la guía imponente del piano. Es generalmente la flauta quien elabora los recursos de colorido más llamativos durante el desarrollo temático, mas cerca del final la guitarra eléctrica crea uno de sus solos más vibrantes de todo el disco. Luego sigue ‘Mechanical Universe’, pieza que se orienta por un dinamismo de etéreas densidades y exquisitas tensiones a través de motifs delicadamente articulados en torno a estándares del rock-in-opposition y la fusión latina. Además, los ornamentos modernistas que emulan misteriosas maquinarias proyectan muy bien la imagen mental de una maquinaria que organiza las fuerzas periódicas del cosmos. ‘Entangled Universe’ se acerca más a la candidez palaciega de la primera pieza de la suite pero ostenta una personalidad propia basada en una misteriosa aureola que sabe alimentarse apropiadamente de los diversos momentos de cautivador swing jazzero dentro de la ecuación temática en curso. La presencia de otros pasajes marcados por una ingrávida serenidad estimula eficazmente las instancias de sofisticación sonora diseñadas para la ocasión. El empleo de contrapuntos permite a la pieza preservar un punche consistente. La suite se completa con ‘Oneness’, que porta sobre sí la compleción de toda la magnificencia que se había estado germinando y desarrollando en la sucesión de las secciones precedentes. El pasaje inicial de piano empuja sutilmente la gradual armazón de los efluvios temáticos a ser armonizados en una aristocrática ingeniería de elegantes sonoridades. Los múltiples teclados se amalgaman sin hacerse absorbentes y los vuelos de la flauta gestan vibraciones melódicas perfectamente delineadas. A mitad de camino, la intensidad se erige como astuta monarca de la situación, la cual transita desde el terreno del jazz-fusión hasta el sinfonismo de tenor solemne, y con solemnidad nos referimos a una mezcla de gravedad y majestad. Mirando la secuencia seguida por este concepto de seguimiento de paradigmas cosmológicos, vemos que el grupo ha seguido una ilación que se inicia por una preocupación por el centro del bloque planetario (primero la Tierra, luego el Sol), para luego centrarse en su estructura integral (primero, la noción un entramado general, luego, la de una unidad orgánica): sería como un tránsito de la mirada que primero se fija en lo físico y lo mecánico, y luego vira hacia una observación de la razón de ser de su totalidad.  



Los últimos 3 minutos del disco están ocupados por otra composición de Natalia Plaza, ‘Paradise Lost’: su talante es opaco y triste, cargado de una emotividad elegíaca que se revela a las mil maravillas en esa combinación de parcos acordes de piano y nocturnales ornamentos de sintetizador. El lamento solitario del Ángel Caído que aún no saca fuerzas de flaqueza para erigirse en el recio enemigo de su Creador, la asfixiante atmósfera de oscuridad y aislamiento en el que por ahora no hay manera de encontrar la realidad afirmativa del propio yo. Una ingeniosa manera de poner el broche final a un disco tan intenso y fastuoso como “Cosmology”, un disco fabuloso que es perfectamente digno del atavismo vigente de KOTEBEL. No somos los primeros en decir, con ocasión de este nuevo disco, que KOTEBEL es una figura grandiosa y grandilocuente dentro de la escena progresiva española y el gran escenario progresivo mundial, y de hecho, no es la primera vez que decimos esto... ¿pero cómo evitar repetirlo cuando nos toca reseñar un disco así de excelso?


Muestras de “Cosmology”.-
Oneness: https://kotebel-music.bandcamp.com/track/oneness

Wednesday, September 13, 2017

THE TRONOSONIC EXPERIENCE: nueva voz del jazz-prog noruego


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

THE TRONOSONIC EXPERIENCE es un cuarteto jazz-progresivo noruego conformado por Ole Jørgan Bardal (saxofones), Øyvind Nypan (guitarra y guitarra barítono), Per Harald Ottesen (bajo) e Iver Loe Bjørnstad (batería y percusión), y hoy se da la ocasión de hablar su homónimo disco debut, publicado a mediados de agosto pasado por el sello Losen Records. Dicho sello está especializado en jazz pero en esta ocasión en particular se ha abierto a una propuesta ecléctica que está comprometida con diversas inspiraciones musicales. De hecho, en su página de Facebook, estos tipos se definen como cultores de rock vanguardista punk-jazz-drone. En fin... THE TRONOSNIC EXPERIENCE se formó en Oslo en el año 2016, llegando a grabar éste, su disco debut, en tres días de diciembre en el estudio Ocean Sound Recordings. En medio de la miríada de influencias que el cuarteto expone en su página de Facebook se destacan nombres como los de ORNETTE COLEMAN, SUN RA, KING CRIMSON, KEITH JARRETT, TERJE RYPDAL, LED ZEPPELIN, BLACK SABBATH y sus coetáneos compatriotas de ELEPHANT9 y HEDVIG MOLLESTAD TRIO: esta lista resulta más clara ante nuestros oídos y mentes que la curiosa etiqueta que ellos inventaron para sí mismos. Este cuarteto y el disco homónimo que hace poco han lanzado al mercado conforman la sorpresa melómana más agradable en estos últimos días: de hecho, el día 7 de setiembre tuvo lugar un concierto con fiesta para celebrar el lanzamiento oficial del disco que ahora nos ocupa en el local MIR de Oslo. Así de caliente está este ítem recién salido del horno fonográfico. Pero mejor es que repasemos en concreto el repertorio de “The Tronosonic Experience” de una buena vez, ¿verdad que sí?


Durando 3 ¾ minutos, ‘Die Streif’ abre el disco con un despliegue de vigor y nervio que se hayan enmarcados dentro de un groove que, con toda la intrincada elegancia que orienta a su labor, sabe reflejar convincentemente una espiritualidad robusta. Algo así como un jam de NIACIN que ha sido pervertido por la ágil y oscurantista vitalidad de los KING CRIMSON de la etapa 73-74, más algunos toques de la señorial neurosis de JOHN ZORN. Luego sigue ‘Maelstrom’, una pieza alevosamente densa que se vale de la pesadez estructural de su motif central para crear un ambiente de neurosis sospechosamente sórdida bajo un ropaje nebuloso. Este ejercicio de jazz-rock se centra bastante en el elemento stoner del factor rockero; así, cuando llega el momento para el solo de saxo, el instrumento usa unas florituras tan chocantes como cautivadoras sobre el sustento del tempo constreñido. El solo de guitarra, por su parte, se orienta hacia vibraciones Hendrixianas. Con el gracioso título de ‘No Country For Young Men’, que obviamente alude tanto a la película de los hermanos JOEL y ETHAN COEN como al modo en que la constante crisis financiera, laboral y social afecta a la población activa más joven, emerge el tercer tema del álbum. Éste se centran en un swing bluesero con abierta atmósfera crepuscular, exhibiendo una flotante atmósfera de pesimismo con claros matices psicodélicos desarrollándose a lo largo del camino: en este esquema sonoro, el grupo puede explorar su faceta más lírica. ‘Light As A Feather, Heavy As A Lead Balloon’ prosigue obedientemente por el sendero de crepuscular languidez y lirismo envolvente que abrió la pieza anterior, incluso logrando concretar un centramiento más etéreo del bloque instrumental. ‘The Crossing’, tema que dura más de 5 ¼ minutos, vuelve de lleno a la faceta extrovertida del grupo. La mayor parte del desarrollo temático se sustenta sobre un marchoso jam jazz-rockero que apela a su propio gancho de tenue coqueteo con estándares funky, derivando en su última instancia en un jam de talante stoner donde se fusionan los legados de BLACK SABBATH y LED ZEPPELIN.

Los dos últimos temas del repertorio son también los dos más largos del mismo, durando uno 6 ¾ minutos y el otro casi 6. ‘A Quiet Flame’ es una pieza serena e introvertida cuya patente magnificencia se expresa a través de un enclave donde confluyen lo onírico y lo misterioso. Si en las dos piezas lentas precedentes (‘No Country For Young Men’ y ‘Light As A Feather, Heavy As A Lead Balloon’) latía un aura de ominosa tristeza, o tal vez melancolía, aquí en ‘A Quiet Flame’ lo que impera es un espíritu contemplativo marcado por la neurosis, estando siempre está presente la posibilidad de la exaltación desasosegada. De hecho, hay recursos de desosiego expresionista en los momentos centrales de los desafíos entre la guitarra y el saxofón mientras le dupla rítmica mete mucho músculo al compás lento. Parece una mezcla del paradigma de MARK WINGFIELD en su faceta más osada y la dimensión más oscura de MORAINE. En fin, ‘Catching The Nile Perch’ pone broche de oro al disco por vía de una síntesis ingeniosa entre la densidad angustiada de la pieza precedente, la tradición del free jazz y las vibraciones más extrovertidas que existen dentro del amplio estándar del rock-in-opposition, aunque el mayor peso dentro de esta estrategia creativa aquí empleada reposa sobre los hombros de los dos primerod de los factores mencionados. El solo de guitarra es brutal (al modo de un híbrido de RAY RUSSELL y FRED FRITH) mientras que el bloque global sabe asentar su propia unidad desde el enfoque deconstructivo elegido para la ocasión. En cuanto al conjunto de su integridad estilística, estas dos piezas y la #2 nos hacen recordar en parte a estas otras dos grandiosas entidades jazz-progresivas que son ELEPHANT9 y FIRE!: cualquiera de ellas podía haber funcionado como el cierre perfecto del disco, pero la ventaja de ‘Catching The Nile Perch’ es que ostenta una fastuosidad más rotunda, lo cual conlleva que la atmósfera de ominosa magnificencia se sienta más tajante y recia.

Todo esto fue nuestro disfrute del disco “The Tronosonic Experience”, así de estupenda fue la aventura de conocer a THE TRONOSONIC EXPERIENCE. Ciertamente, reconocemos en este cuarteto escandinavo a una entidad muy interesante dentro de las nuevas figuras de la avanzada jazz-progresiva de Europa y del mundo entero: tal vez no nos estamos apurando demasiado en designarla como una banda muy importante para la instauración de ideas nuevas y frescas dentro de la vanguardia jazz-rockera contemporánea. Como sea, recomendamos este disco al 200%. 


Muestras de “The Tronosonic Experience”.-


Sunday, September 10, 2017

JINETES NEGROS: un apogeo definitivo


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


Hoy nos toca el grato honor de presentar el nuevo trabajo de la genial banda argentina JINETES NEGROS, el álbum conceptual titulado “Definitiva Mente”. El ensamble conformado por Marcelo Ezcurra [voz y guitarras], Octavio Stampalia [teclados y coros], Ricardo Penney [batería y coros],  Pablo Robotti [guitarras] e Hipólito Courvoisier [bajo y voz] se ha lucido a lo grande en esta nueva dimensión de mágica grandilocuencia progresiva donde los JINETES NEGROS han instalado su bandera. Una heroica subida a una nueva cima de la montaña de la música, ésta es la cosecha recogida en el repertorio de “Definitiva Mente”. Colaboradores ocasionales del quinteto que ahora nos ocupa han sido el baterista Christian Colaizzo, los bajistas Marcelo Vaccaro y Guido Stampalia, el saxofonista Gabriel Di Mario, y los vocalistas Maxi Trusso, Charly Moreno, Lucas Pagano y Miguel Zabaleta. La estructura de “Definitiva Mente” se ha armado como una ópera-rock progresiva, siendo el hilo temático de su núcleo conceptual el paso por diversas fases del desarrollo emocional y las diversas escalas del autodescubrimiento hasta llegar a una culminación inapelable.  Más específicamente, se trata de un largo y denso viaje interior que realiza El Jinete Negro – personaje que ha acompañado a las canciones de todos los álbumes anteriores de la banda – para toparse sucesivamente con El Destino (todo está escrito en el fatum y nada podrá torcerlo) y El Libre Albedrío (es la propia voluntad quien forja la vida a ser vivida). Estas contrapartes causan una fuerte incertidumbre en el espíritu del Jinete que le hunden en La Angustia por un tiempo, aunque luego decide salir de ella para ir habitando momentáneamente en La Culpa, La Euforia, La Locura y El Amor como si fuesen posadas de tránsito. La última cabalgata del Jinete le lleva a su final enfrentamiento con El Tiempo, que resulta ser su propio Ego: el enfrentamiento se traduce en una batalla donde El Tiempo colapsa sobre sí mismo. He aquí una peculiar victoria del Jinete, quien obtiene un estado de trascendencia e iluminación: ¿es este estado su propia muerte o la vivencia realizada de una conciencia plena? – que lo dedica el oyente de turno. 

Del quinteto que grabó el disco anterior “Tawa Sarira” (el cual data del año 2013) quedan Ezcurra, Stampalia y Ricardo Penney: el proceso de gestación, producción, grabación y edición de “Definitiva Mente” ha sido bastante largo, pero ya es una realidad concreta merced a los oficios del sello Viajero Inmóvil desde la última semana del pasado mes de agosto. Yendo de una buena vez a los detalles del repertorio, comenzamos con los primeros 5 ¼ minutos del disco que están ocupados por ‘El Túnel Del Destino’, una canción que de entrada nos desafía con su ambientación rockeramente maciza que se articulan a través de una ingeniería introspectiva: así las cosas, los espacios que se abren para las capas y orquestaciones de teclado ayudan a realzar el inspirado esquema lírico de su desarrollo temático. El minúsculo prólogo cósmico y la estratégica presencia de algunos pasajes lentos son esenciales para completar debidamente la atmósfera central. Tras el fastuoso cierre de esta cautivadora canción inicial llega el turno de ‘Las Puertas De la Voluntad’, pieza de corte bucólico que sirve para que la reinante aureola de introspección se derive hacia una dimensión más calmada… e incluso autoafirmativa, optimista. Cerca del final, los arreglos orquestales y de piano completan un hermoso retazo sinfónico. Con la dupla de ‘Dos Caras’ y ‘Decidir’, el ensamble se dispone a orientar sus estrategias creativas hacia sanas ampliaciones de espiritualidades y atmósferas. En efecto, ‘Dos Caras’ instala recursos expresivos de vigor rockero bajo un convincentemente sofisticado esquema progresivo, valiéndose de una letra que alterna momentos de urgencia con otros de placidez. La inclusión de factores arábigos en el multicolor desarrollo temático es manejada con enorme ingenio. Aquí se siente un extraño híbrido de KARMACANIC, EMERSON, LAKE & PALMER y los GENESIS de la etapa 76-78, aunque siempre con el sello personal que el personal de JINETES NEGROS viene madurando desde siempre. Por su parte, ‘Decidir’ se explaya en un esbozo reflexivo y calmado que hasta cierto punto coquetea con estándares del folk-rock, pero el fulgor progresivo se hace notar fuertemente en ciertos detalles sobriamente complejos del desarrollo del groove en clave fusionesca y en la presencia de algunos pasajes extrovertidos marcados por un estilizado fragor rockero. 

‘El Cuerpo De La Angustia’ regresa al relajado intimismo de ‘Las Puertas De La Voluntad’ pero esta vez con un retrato de vulnerable melancolía. Las florituras de piano que ilustran varios parajes del desarrollo temático están entre lo más mágico de todo el álbum, y lo mismo vale para algunos retazos orquestales que también entran a tallar en algunos momentos. ‘Laberinto Del Deseo’ se suelta animosamente sobre terrenos jazz-progresivos con un lirismo delicado que nos recuerda abiertamente a los estándares de SERÚ GIRÁN y SPINETTA-JADE, aunque también notamos algunos matices Yessianos en algunos arreglos de guitarra. Una canción muy bella que estimula vibraciones positivas en un clima de envolvente serenidad. ‘El Diván De La Culpa’ recoge en buena medida el impulso lírico de la canción precedente y le da un filo más aguerrido: esta vez hay un sano equilibrio entre los etéreos pasajes de talante sinfónico y los otros más guerreros donde el estándar del rock duro impone su ley. Las alternancias de los solos de guitarra y órgano son manejadas con el suficiente buen criterio como para dejar que el aspecto fiero de esta canción sepa enriquecerse del vitalismo melódico en curso. La sección final termina con un aire ceremonioso al cual le hará abierto contraste el dinamismo contundente de ‘El Parque De La Euforia’, una canción de núcleo pop-rockero que brinda una sana dosis de aire fresco. De todas maneras, algunos trucos de sobria sofisticación en el interludio instrumental permiten a ‘El Parque De La Euforia’ también alzar su propio vuelo de euforia musical. ‘Molino De Locura’ se orienta hacia un groove blues-rockero para la instalación de su esquema melódico, lo cual se traduce en una atmósfera amable revestida de un vigor preciosista donde los instrumentos dialogantes llenan espacios a todo dar; esta espiritualidad envolvente se ahonda con especial conmoción con el arribo de ‘Retrato Del Amor’, balada sinfónica signada por una romántica intensidad que hace de la fragilidad la clave de su fuerza de carácter, por paradójico que pueda sonar. El piano dirige el desarrollo temático con aires Wakemanianos mientras el saxo entra en acción como un acicate de las vibraciones melódicas en curso. 

Tras haber utilizado la secuencia de las dos canciones precedentes para reforzar esta atmósfera de creciente intimismo, el grupo se hace cargo de volver a agitar las cosas con ‘La Última Cabalgata’. Aquí tenemos un nuevo ejercicio de electrizante nervio rockero en un contexto progresivo: tremendamente compacta es la impecable armazón entre el brío del grupo y los elementos orquestales. Además, se trata de una canción con enorme gancho de por sí. Nos vamos acercando al final del disco cuando nos topamos con la dupla de ‘Memorias Del Camino’ y ‘El Altar Del Tiempo’. La primera de estas canciones ostenta un clima sigiloso cuyas claves melódicas reposan en las diversas vibraciones orquestales que salen al paso, mientras que la segunda se explaya en aires extrovertidos y empujes fulgurosos por vía de una estrategia hard-progresiva – casi bordeando con estándares del prog-metal –, con lo cual la dinámica sonora parece enfilarse  hacia un canto final de victoria. El clamor “¡Soy el tiempo que te atrapó!” deja una huella permanente durante la elaboración del clímax conclusivo (con arreglo coral y todo). ‘Redención’ cierra el repertorio como un soplo de sublime solemnidad a través de un encantador retrato sonoro plasmado al unísono por el piano y la orquestación. Mientras avanza el crescendo se afianza una reflexión final desde donde se pretende retomar, revisar y sintetizar todo el cúmulo de ideas e inquietudes que se habían mostrado en la serie de las 13 piezas precedentes. Así termina el concepto de “Definitiva Mente”, una obra monumental que no solo significa un nuevo cénit dentro de la obra viviente de JINETES NEGROS sino que también encarna un momento cumbre dentro del perpetuo sueño de la tradición progresiva sinfónica argentina de ayer y hoy. Es una maravilla este disco, un apogeo definitivo dentro del ideario artístico de la banda, por lo que solo nos queda decir lo obvio: la inclusión de “Definitiva Mente” en cualquier colección medianamente buena de art-rock es recomendada al 200%.


Muestras de “Definitiva Mente”.-



[Publicado originalmente en el blog Rock & Prog.
Enlace: https://rockandprog.wordpress.com/2017/09/07/jinetes-negros-definitiva-mente-viajero-inmovil-records-2017/]