Tuesday, December 12, 2017

El 29 de diciembre de 2016, los AMOEBA SPLIT dieron un concierto grandioso


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR MENDOZA.

El 29 de diciembre de 2016, los AMOEBA SPLIT dieron un concierto grandioso en Sala Mardigras, el mismo que ha sido recogido en un CD de edición limitada que porta el parco título de. Bajo el nutrido comando de Fernando Lamas [batería y percusión], Pablo Añón [saxo alto], Rubén Salvador [trompeta],Eduardo Baamonde [flauta], Iago [teclado], Ricardo Castro [teclado] y Alberto Villaroya [bajo y voz], el bloque sonoro de AMOEBA SPLIT se dispuso a presentar el material de su entonces reciente segundo disco “Second Split”, intercalando el nuevo catálogo con algunos clásicos de la tradición progresiva, rotando entre el Canterbury y el rock sinfónico. La vitalidad esencial de este grupo gallego está bien enmarcado bajo los patrones del Canterbury, reciclando herencias de SOFT MACHINE, GILGAMESH y NUCLEUS, mientras mete también en la mezcla algunos juegos de tensiones sonoras a lo ZAPPA. Pero bueno, básicamente, los AMOEBA SPLIT son losamos y señores del “Canterbury made in Spain”. Veamos cómo se plasma la genialidad de su propuesta musical en el contexto de un concierto en vivo. 



La tríada de ClockwiseThe Book Of Days y Those Fading Hours le da a los primeros 18 minutos del concierto una vibración contundente y bien sostenida.  Clockwise es una pieza dinámica y extrovertida, envuelta en su propio señorío mientras da rienda suelta a su vigor esencial; el momento del solo de órgano es particularmente intenso.  The Book Of Days, por el contrario, ostenta una espiritualidad etéreamente introvertida durante el breve espacio que ocupa para desarrollar su motif, algo idóneo para la ulterior emergencia de Those Fading Hours y sus ambiciosas proyecciones jazz-progresivas que tanto deben a la escena  jazz-fusionesca  estadounidense como al Canterbury. La naturaleza de esta pieza es combativamente solemne mientras retoma buena parte de las vibraciones expresionistas expuestas en el primer tema del repertorio. Habiendo sido uno de los momentos cumbre de Second Split, es razonable que sobre el escenario imponga un alegato motivador para el público presente en el Mardigras. La primera sorpresa de la noche viene con la versión de Nan Trues Hole de MATCHING MOLE (pieza que el guitarrista Phil Miller luego llevó a HATFIELD AND THE NORTH) en versión reducida, pues su groove psicodélico se convierte en manos de los AMOEBA SPLIT  en el preludio de su propia versión del clásico del segundo álbum de los SOFT MACHINE 10:30 Returns To The Bedroom’, que es el verdadero momentum de esta pequeña excursión del grupo en los primeros años de asentamiento de eso que se dio por ser bautizado como la escena Canterbury del rock progresivo británico de primera generación. Y si pensábamos que el grupo seguiría haciendo sus propias versiones de esta vertiente, pues nos topamos con la bella sorpresa de la canción que daba título al cuarto álbum de KING CRIMSON: sí, nos referimos a esa fastuosa balada repleta de mágica hermosura que es ‘Islands’. El grupo sabe respetar la esencia histórica de esta canción mientras le da  su propio toque personal: aunque en este periodo particular del Behemoth Crimsoniano no existía una dupla rítmica perfecta (y no tenemos precisamente nada en contra del gran Ian Wallace), la canción deja una marca de evocativa belleza que el grupo remodela eficientemente. El piano opera como columna vertebral de la arquitectura sonora en curso y el ensamble performativo se reduce al encuadre de teclados, bajo, batería y trompeta. 


El piano seguirá siendo el protagonista en el siguiente y último rescate de las joyas pasadas del rock progresivo: nos referimos a ‘Take A Pebble’, la canción más romántica del disco de debut de EMERSON, LAKE & PALMER. En menos de 6 minutos, el grupo procesa su propia mirada a este himno al paso del tiempo que Greg Lake había concebido como balada pastoral y Keith Emerson convirtió en una exquisita bravata simultáneamente jazzera y académica. Hay que admitir que el canto no es el punto fuerte de AMOEBA SPLIT pero Villarroya cumple con la labor de expresar sentimientos de nostalgia y ensimismamiento de acuerdo a  las exigencias específicas de estas canciones. El grupo regresa a su propio repertorio con la tríada final de ‘About Life, Memories And Yesteryears’, ‘Sundial Tick’ y ‘Backwards All The Time’, con lo cual se completa la presentación de “Second Split”. El primero de estos temas mencionados era el encargado de cerrar el álbum en cuestión, y lo hacía exponiendo un muy inspirado equilibrio entre lirismo y expresionismo: una vez más, tenemos la ocasión de disfrutar de un delicioso solo de órgano que se sostiene grácilmente sobre la robusta dupla rítmica de Villarroya y Lamas. Por su parte, ‘Sundial Tick’ exhibe un colorido efectivo y magnético bajo la guía del ensamble de vientos: sobre sus hombros reposa el centro vital del meticuloso desarrollo temático. En fin, ‘Backwards All The Time’ se complace en revelarnos la faceta más mayestática del ideario estético de la banda, y lo hace en base a una arquitectura extrovertida y jovial. ¡Enorme final de concierto!


Muestra de “Directo Mardigras 16”.-

Saturday, December 09, 2017

Las nuevas danzas cósmicas de VESPERO


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos el gusto de presentar y reseñar el nuevo disco de VESPERO: “Shum-Shir”. Grabado en diversas sesiones en los años 2015 y 2016, el disco finalmente fue publicado en noviembre de este año 2017 para deleite de todos los conocedores y seguidores de esta prolífica banda que ha sabido darle una frescura nueva al estándar del space-rock contemporáneo a lo largo de los años. Este nuevo disco conforma una continuación del concepto de “Abyssinian Tales”, cuya primera parte estaba encarnada en el disco “Lique Mekwas”, publicado por el sello R.A.I.G. en el pasado año 2016. Ahora, el nuevo disco ha sido publicado por el sello Tonzonen Records tanto en formato de CD como de vinilo. El título de “Shum-Shir” corresponde a una ceremonia religiosa del Antiguo Egipto que se realizaba cada 10 años con miras a elegir un nuevo rey, asunto que era organizado por los chamanes y ancianos de todas las tribus. Como resultado de la quema de hojas de eucaliptos y la inhalación de alucinógenos secretos a lo largo de toda una noche, se invocaba a los espíritus de todas las tribus (Isidora, Gully y Gaya), quienes finalmente indicaban quién debía ser ungido como nuevo rey.  Al amanecer, el hombre escogido se vestía de atavíos blancos mientras suena un ritmo místico con el tambor Hapi, lo cual daba inicio a una nueva vida para las tribus. La carrera fonográfica de VESPERO sigue siendo consistente e interesante bajo sus propios términos así como a la luz de la tradición inspirada por los OZRIC TENTACLES que le antecede. La alineación del grupo consta de Ivan Fedotov [batería, percusión y programación de ritmos], Arkady Fedotov [bajo, sintetizadores y flauta], Alexander Kuzovlev [guitarras], Alexey Klabukov [teclados y sintetizadores] y Vitaly Borodin [violín]. Para el primer tema de este nuevo álbum, el colectivo contó con las participaciones invitadas de Alexander Timakov a la percusión y de Rasul Shugaipov al canto. Veamos ahora los detalles del disco en cuestión.



‘Shum-Shir’ abre el repertorio brindándonos 10 minutos y pico de gloriosas musicalidades space-rockeras culminadas con inspiradas estilizaciones progresivas y alimentadas con el fragor telúrico propio de la fusión folklórica contemporánea. La manera en que se hermanan las secuencias electrónicas del sintetizador con el esquema rítmico (confluyente de recursos acústicos y cibernéticos) asienta una base muy efectiva para que los guitarreos y las florituras de violín guíen el transcurso de la ingeniería melódica. De todas maneras, a mitad de camino entra a tallar un interludio exorcista donde un discurso se impone sobre la estructura organizada por el compás tribal y los efectos espaciales del sintetizador; una vez pasado este interludio, la guitarra pasa a ocupar el rol protagónico para darle una polenta renovada al asunto mientras el conglomerado de instrumentistas trabaja en bloque para retomar el hilo conductor. Hacer esto implica sacar buen provecho del enérgico dinamismo que ha pasado a instaurarse en el esquema sonoro aún en curso, y el grupo sabe desenvolverse a las mil maravillas en la compleción de esta misión. Luego sigue ‘Isidore’s Dance’, engarzándose con los últimos instantes de la pieza inicial por vía de un preludio etéreo donde la guitarra flota grácilmente sobre las capas sintetizadas de trasfondo. Este talante etéreo es efímero pues bien pronto entra en acción la batería para imponer un swing contundente y voraz, pero no particularmente agresivo: de hecho, sus vibraciones jazz-rockeras lo hacen más celebratorio que agresivo. Sobre esta ingeniería, la guitarra, el teclado y el violín alternan momentos de lucimiento específico donde el régimen legislador es la primacía de las texturas; el vigor y la soltura están exclusivamente en manos de la dupla rítmica, y a veces ésta recurre a trucos de vitalidad cuidadosamente sutil en ciertos pasajes estratégicos. Las dos partes de ‘Gaya’s Dance’ ocupan un total de 14 ¾ minutos y tenemos en la primera parte una exhibición de plena soltura extrovertida dentro de la bien instalada línea de trabajo. Los diálogos entre violín y guitarra se hacen más intensos, siendo así que la última adquiere ciertos tintes Frippianos en varios de sus fraseos. En líneas generales, la vitalidad colorida que marcó la esencia expresiva de ‘Isidore’s Dance’ es impulsada hacia un nuevo nivel de celebratoria incandescencia. Hay un breve interludio donde el grupo asume un talante ceremonioso, como si contemplara lo ya hecho hasta ese momento para calcular el tipo de dinamismo que se quiere para el clímax sonoro que ha de arribar pronto.

La segunda parte de ‘Gaya’s Dance’ comienza con un groove un poco más contenido, sustentado sobre una cadencia elegante y sobria que, lejos de apartarse de la predominancia de lo extrovertido tal como se ha venido desplegando en lo que va del repertorio, instaura una ingeniería jazz-progresiva al bloque instrumental con el fin de gestar un recurso de calidez renovadora. Así las cosas, el elemento fusionesco que siempre está presente en el cosmos musical de VESPERO goza de un mayor campo de expansión. Dicho sea de paso, tenemos aquí los más impresionantes solos de violín de todo el álbum. Mientras el groove se agiliza ligeramente en el tramo final, llega un momento en que se nos confronta con un flotante clima cósmico: he aquí la emergencia de la pieza que está a cargo de cerrar el repertorio, la cual se titula ‘Hapi’.  Para esta última instancia del álbum, el grupo decide retrotraerse a un dinamismo más liviano que el habitualmente empleado en el repertorio precedente: la base rítmica es sobria en su manejo de las siempre mágicas posibilidades de la etno-fusión. Aquí lo etéreo no es un elemento de la paleta sonora que convive con otros sino el color de base para la guía de elaboración de las intervenciones de los instrumentos a cargo de desarrollar los motifs (guitarreos muy a lo STEVE HILLAGE, a propósito). De esta manera, el ritual de diversas danzas que se ha proyectado de principio a fin en este exquisito ritual space-rock-progresivo orquestado por VESPERO llega a su conclusión con una aureola de reposada reflexión, aureola apropiada para recibir al nuevo día con la adecuada disposición de lúcida espiritualidad. La verdad que la gente de VESPERO se ha lucido a lo grande con “Shum-Shir”, pero claro, quienes hemos seguido de cerca su trayectoria sabemos muy bien que este ensamble ruso ha mantenido una valla muy alta en cuanto a la creatividad y la intensidad expresiva dentro de la escena progresiva de los últimos lustros. Disfrutar de este disco no es solo escucharlo, es, además, dejar que nuestras almas desplieguen una danza celebratoria al ritmo de los temas contenidos en él. 

Wednesday, December 06, 2017

IQ: del cielo a la tierra y de allí al cielo otra vez


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Es un hábito de IQ hacer conciertos en diciembre con la motivación de convertirlos en sus conciertos navideños, o en el peor de los casos, uno solo. Es eso mismo lo que este veterano grupo británico llamado IQ nos brinda con su blu-ray “Scrape Across The Sky”, tomando como base la actuación del grupo que tuvo lugar en el local De Boerderij, en la ciudad neerlandesa de Zoetermeer, el 6 de diciembre del año 2014. Con la formación del vocalista Peter Nicholls, el guitarrista Michael Holmes, la ya hace algunos años repatriada dupla rítmica del bajista Tim Esau y el baterista Paul Cook y el bien acomodado teclista Neil Durant, el grupo luce su vigor, su color y su refinada creatividad musical con la soltura de siempre. Esau añade labores de corista y sintetizador de pedales bajos, un recurso instrumental de gran utilidad para incrementar la densidad de muchas de las orquestaciones y texturas que salen a colación en los muchos pasajes épicos que forman parte del catálogo histórico del quinteto. Justamente el disco “The Road Of Bones” que se promovía por aquel entonces era el primero con esta alineación donde viejas y nuevas caras se juntaban con las de siempre, y a partir de lo que se aprecia en este documento audiovisual se nota a leguas que hay una profunda camaradería musical entre todos los agentes participantes. Y claro está, el público es muy receptivo: de hecho, los IQ siempre han hecho excelente química con el público de los Países Bajos. A propósito, el título del blu-ray que estamos  reseñando ahora viene de la primera línea de la canción ‘Until The End’, la cual cerraba el concepto de “The Road Of Bones” (en una edición doble limitada, el segundo volumen incluía otras estupendas canciones de temáticas diversas). La existencia de “Scrape Across The Sky” fue anunciada en la página web de IQ a inicios de diciembre del 2016 para ponerse a la venta por la modalidad de pre-order, asignando su salida oficial el mercado al 20 de enero del 2017.

  

La introducción instrumental del show – que aparece acompañada en la pantalla de fondo por cómicas imágenes de los integrantes de IQ, los mismos que aparecen nombrados con seudónimos – es una versión tecno-trance de ‘Troika’, esa sección de la Suite del Teniente Kijé de SERGUÉI PROKÓFIEV que se utilizó en los intermedios instrumentales del villancico de GREG LAKE ‘I Believe In Father Christmas’. En las últimas instancias de la introducción pregrabada los cuatro instrumentistas se suman al motif central para engarzarlo con el inicio de ‘Awake And Nervous’, una de las canciones más llamativas de esos ya muy lejanos primeros años de la historia del quinteto. Imponiendo su gancho y su sofisticación estrucrural, ‘Awake And Nervous’ tiene una letra que, irónicamente, versa sobre la ansiedad y agotamiento tras el éxtasis conclusivo de toda la adrenalina vertida en un concierto. También utilizó el grupo esta canción como entrada para. ‘The Darkest Hour’, la canción que daba inicio a ese brillante comeback album que fue “Ever”, se engarza instantáneamente con los últimos pasajes de ‘Awake And Nervous’. De esta manera, tenemos un inicio extenso y majestuoso en toda regla para un concierto que lleva muy pronto al público asistente a entrar en calor. Con la dupla de los dos temas que daban inicio al nuevo disco de aquel entonces, ‘From The Outside In’ y ‘The Road Of Bones’, el grupo saca la garra rejuvenecedora y el predominio de climas intensos y oscuros que signó buena parte de la esencia sonora del disco en cuestión. En el primero de estos temas, los IQ hacen lucir su garra con el aura distinguida de siempre, mientras que el segundo de ellos es manejado con una sutileza mucho mayor, haciendo que la larga sección inicial atmosférica permita a la explosión rockera posterior lucir su filo tenebroso. Estas líneas son muy elocuentes:  “I do not seek forgiveness, nothing to absolve, / For now the need is met, I almost hate myself. / Almost… but not quite.” Estas otras también: “We dance our unkind, compelling dance, the arcane ritual observed. / I will see this whole thing through if I just keep my nerve.” Ver a Nicholls ponerse guantes y mirar a individuos del público selectivamente, encarnando al asesino en serie que calibra quién podría ser su próxima víctima, es toda una experiencia. 

   

‘Frequency’, que muy bien puede ser considerada como un estándar decisivo del grupo para su catálogo del nuevo milenio, es la quinta pieza del repertorio. Con su mezcla de vibraciones a lo LED ZEPPELIN y dinamismo melódico a lo GENESIS, los IQ logran reforzar la inherencia estilizada de su músculo rockero cada vez que tocan esta canción. Las últimas líneas siempre resuenan con holgada dignidad: “Light and sound conceal me, / They shield me from danger signs.  / Make me understand it. / How can I quit these powerlines?”  Volvemos al espíritu del disco “The Road Of Bones” con su expresión más majestuosa, ‘Without Walls’, la canción que lleva el potencial de emotividad eruptiva y tensión resonante del concepto del susodicho álbum a su máxima expresión. Los diversos cuerpos melódicos y atmósferas se suceden con genial fluidez dentro de una arquitectura ostentosamente majestuosa. Estas líneas nos siguen estremeciendo como la primera vez que escuchamos el disco de estudio en aquel año 2014: “Walls without our self control. / Sleep that brings no guarantees. / Night awake, come take your toll. / Right there's the life and death of me. / High like a permanent sun. / Fly hard through a sky made of thunder.” La serenidad intimista de ‘Ocean’ se encuadra dentro de una dinámica extremadamente sobria que sabe abrir ciertos espacios mínimos a recursos de calculada intensidad a la elocuencia dulce del bello motivo central. La hermosísima canción ‘Leap of Faith’ pone la nueva cuota de lirismo cálido, una canción esencial para el arte del sonido definitorio del rumbo que corrió el grupo a partir de su gran reforma a inicios de los 90s. Ubicado en un lugar que le hace parecer como una síntesis de los espíritus centrales de las dos canciones precedentes dentro de una inquietud épica afín a la de ‘Without Walls’, pero con una serenidad contemplativa que sostiene un razonablemente notorio parentesco con la de ‘Ocean’. La larga coda instrumental está todavía ubicada entre los momentos más sublimes de toda la historia de IQ... o al menos, así nos lo parece. ‘Until The End’ sigue a continuación para completar la presentación íntegra del disco nuevo de entonces. 


  

Una vez terminado el repaso del disco nuevo de entonces, no ha de faltar alguna clásica de ese tremendo álbum de madurez que fue “The Wake”, y en efecto, el grupo nos brinda su canción de apertura ‘Outer Limits’. El vigor cautivador de sus diversos grooves y su tremendamente rica musicalidad no han perdido nada de su encanto desde el año 1985: se notaba entonces que los IQ llegaban  a una cima decisiva de madurez musical y hasta el día de hoy disfrutamos los melómanos seguidores del grupo de su perenne cosecha. Con la canción titular del séptimo álbum de IQ llega la primera despedida del concierto: nos estamos refiriendo a ese prodigio de épica belleza que es ‘The Seventh House’, cántico pacifista ubicado en el contexto de dos veteranos de guerra que en su momento lucharon como enemigos y que nunca superaron las heridas emocionales de esa terrible experiencia a despecho de contarse entre los sobrevivientes de tamaña carnicería. El primer bis es una canción con gancho y magnética magia: ‘Ten Million Demons’. El grupo regresa al escenario con cuatro de ellos llevando gorros navideños rojos y, cómo no, el guitarrista Mike Holmes luciéndose como un ángel con alas y todo: muy simpático el gesto, y no podemos ni imaginarnos cuán pesado debe ser tocar con ese disfraz la guitarra habiendo ya sudado una hora y media con todo lo hecho anteriormente, pero él es un virtuoso y sale, como es obvio, bien parado. Como la canción en cuestión es bastante marchosa, se presta para que Nicholls presente a los miembros de la banda durante su último tramo. Y si el quinteto quiere cerrar la noche a lo grande, pues es una gran idea hacerlo con la mini-suite ‘Widow’s Peak’, uno de los cénits innegables de “The Wake”. Teniendo en cuenta cuán aguerrido es el clímax musical creado para los dos últimos minutos con esos vitalistas interludios instrumentales y las dos últimas estrofas que canta Nicholls como epitafio desesperado para el corazón agonizante de vida y amor, ‘Widow’s Peak’ logra darle un broche adecuado al evento de esa noche: “Lost in love, senses flown. / Diamond hard heart of stone…”  Ésta no es toda la música  almacenada en el blu-ray pues también disponemos, en el jugoso menú de extras,de la versión en vivo de ‘Until The End’ desde la participación de IQ en el Festival de Loreley, Alemania, en julio de ese mismo año 2014. En el contexto de un escenario tan masivo se ve cuán bien recibida es la propuesta musical de IQ por el público asistente: las emocionadas ovaciones tras las últimas palabras cantadas por Nicholls son una innegable evidencia de ello. 

 

Otros extras son un álbum de fotos del concierto neerlandés así como de la prueba de sonido y el ensayo que le precedieron, así como la exhibición de todas las imágenes mostradas en las tres pantallas traseras del escenario durante todo el concierto. O sea, se trata del concierto íntegro de nuevo pero solo con esas imágenes. El extra más peculiar es el diálogo de Nicholls con Tony Lythgoe, el encargado de hacer el arte gráfica del disco “The Road Of Bones”. Una anécdota imperdible que sale pronto a colación es que el título del disco procede del nombre de la Carretera de Kolyma que está en Rusia, y que la música de la futura canción homónima había sido compuesta por Holmes, quien explicó a Nicholls que tenía en mente un ambiente cinematográfico para la historia de un asesino en serie; a partir de allí, la creatividad poética de Nicholls fluyó rápidamente. Las ideas que iba desarrollando Lythgoe para las fotografías y la producción artística del disco procedían de las mismas maquetas preparatorias que la banda iba elaborando sobre el camino, por lo que Lythgoe sabía que lo que se venía era un viraje más sistemáticamente atmosférico para la esencia de IQ, lo cual repercutía en algo también más oscuro y más sombrío. También resulta interesante escuchar a Lythgoe explicar su agónico proceso de reinvención del logo de IQ, logrando finalmente a la idea de diseñar la I y el rabo de la Q como balas de pistola. En suma, la experiencia de este documento audiovisual de esta magnífica banda que impone su señorío de más de 35 años en el oficio de hacer música progresiva entre fines del pasado milenio y el presente es una excelente travesía melómana del cielo a la tierra y de regreso al cielo. Es verdad que con las expansiones tan épicas de que gozaba el material de “The Road Of Bones”, los repertorios de otros discos inmortales de IQ tuvieron que ser relegados en el repertorio escogido para el concierto de este blu-ray: es notorio que no haya ninguna canción del doble concept-album “Subterranea” ni de “Dark Matter”, pero bueno, así se dio la situación y no hay motivos para quejarnos de lo que se brinda aquí. “Scrape Across The Sky” es toda una gozada adictiva, de apreciación obligada para los melómanos infinitamente acérrimos al grupo y para los apreciadores de la evolución del rock progresivo desde los 80s en adelante.


Muestras de “Scrape Across The Sky”.-
Ten Millions Demons: https://www.youtube.com/watch?v=-d7G0hmCuO0

Sunday, December 03, 2017

Cuentos de una evolución oceánica de parte de DELUGE GRANDER


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

¡Albricias!, ¡albricias progresivas que DELUGE GRANDER vuelve al ruedo fonográfico a lo grande! El título del nuevo disco de esta excelsa entidad musical estadounidense es “Ocenanarium”, un disco netamente instrumental que es concebido como un catálogo de densas orquestaciones, algunas de las cuales están inspiradas en ciertos motivos contenidos en el disco anterior Heliotians (del año 2014) y el siguiente álbum que se espera lanzar al mercado en el próximo año 2018 “Lunarians. Pero es que la cosa es aún más enredada respecto a esta magna creación múltiple conceptual que aspira a incluir siete discos en total dentro de una serie tripartita. Suena ambicioso y complejo pero ése es el plan, precisamente. El ensamble gira (como siempre lo ha hecho) en torno al dúo de Dan Britton [multiplicándose cual acucioso pulpo progresivo en los teclados, guitarras, mandolina, dulcémele, banjo, batería y percusiones] y su alter ego Brett d’Anon [bajo y guitarras], operando como la única presencia exclusivamente recurrente de principio a fin del repertorio. Los demás cooperadores instrumentistas – algunos de ellos aportando incluso elementos compositivos – son Dave Berggren [guitarra eléctrica], Neil Brown [trompeta], Steve Churchill [oboe], Brian Falkowski [saxofón, flauta y clarinete], Denis Malloy [clarinete bajo], Corey Sansolo [trombón], Natalie Spehar [cello] y Zack Stachowski [violín]“Ocenanarium” salió al mercado el 15 de noviembre pasado tanto en formato de CD como en una edición limitada de doble vinilo. Britton y sus compañeros de viaje se toman muy a pecho esta obra, penetrando con inspirado entusiasmo en los recovecos más rebuscados de la tradición prog-sinfónica; además, Patrick Gaffney y Christopher West (partícipes en discos previos de DELUGE GRANDER), junto al guitarrista Berggren, aportan ideas compositivas en varios tramos de algunas canciones. 



Durando 11 ½ minutos, ‘A Numbered Rat, A High Ledge And A Maze Of Horizons’ impone su ostentoso título e inicia la experiencia de “Oceanarium”. De entrada, el groove se caracteriza por una soltura escrupulosa sobre la que los diversos ornamentos, bases armónicas y desarrollos melódicos de los teclados y la guitarra se asientan a sus anchas. Poco antes de llegar a la frontera del tercer minuto, la pieza se traslada hacia una ambientación más serena: el bloque instrumental se abandona plácidamente a la elaboración de envolventes texturas cuyas resonancias etéreas resultan bastante eficaces a la hora de impulsar la emergencia de una tercera sección donde regresa un groove dinámico, esta vez con un tenor sinfónico bastante logrado en su efervescencia polícroma. Volvemos a los tiempos de “The Form Of The Good”. A partir de aquí, todo se encauza rectamente hacia la magia extrovertida que habrá de signar los dos últimos minutos de esta fabulosa pieza de entrada. Con el no mucho menos pretencioso título de ‘Drifting Inner Skyline Space’, la segunda pieza del álbum se encarga de ahondar en la faceta más atmosférica del cosmos sónico de DG, lo cual significa que la ley de la textura y la contextura habrá de trazar los espacios a ser abiertos para los desarrollos melódicos que tengan lugar. La cuidada serenidad con la que la dupla rítmica sustenta la ingeniería musical en curso le permite manejar con buena muñeca los breves pasajes estratégicos donde se exige un sutil aumento de vigor. A veces sentimos que se nos está haciendo un tour por valles intermedios entre el esquema de trabajo de la segunda suite del ambicioso opus Yessiano “Tales From Topographic Oceans” y el paradigma de los inolvidables CATHEDRAL. Cuando llega el turno de ‘The Blunt Sun And The Hardened Moon’, nos topamos con el tema más extenso del disco, el cual ocupa un espacio de poco menos de 15 ½ minutos. Su vitalidad y versatilidad se centran mayormente en desarrollar una urdimbre sintética donde se recoge la espiritualidad celebratoriamente multicolor del tema #1 y la aureola flotante del tema #2. Esta pieza es todo un cénit del álbum, creando un equilibrio perfecto entre el rigor estructural del sinfonismo, la magia señorial del estándar jazz-progresivo y el dinamismo extravagante del avant-prog (aunque evitando todo desvío hacia lo oscurantista).


  

La dupla de ‘Finding A Valley In A Gray Area On A Map’ y ‘Finding A Shipwreck In A Valley In An Ocean’ fragua un ahondamiento preciso y preciosista de los dinamismos más expresionistas que ya han hecho sólido acto de presencia en los temas precedentes. El bizarro magnetismo de  En el caso de ‘Finding A Valley In A Gray Area On A Map’  se basa en una osada confluencia entre los discursos del chamber-rock y del jazz-fusión: el entramado de bases de teclado y de percusión tonal en conjunción con las líneas de violín opera muy bien a la hora de realzar el complejo pero llamativo swing sobre el cual se desarrolla el cuerpo central. Por su parte, ‘Finding A Shipwreck In A Valley In An Ocean’ se mueve más certeramente sobre el terreno del sinfonismo, añadiéndose al esquema de trabajo algunos sobrios toques folklóricos a través de un filtro sutilmente fusionesco. Nuevamente hace acto de presencia el violín, pero esta vez el piano es el instrumento protagónico que se encarga de guiar al bloque global en la mayor parte del tiempo. El electrizante crescendo conclusivo corona eficazmente la ostentosa arquitectura musical que en cada uno de sus meandros ha conquistado una luminosidad particular. En ‘Tropical Detective Squadron’ – tema que dura más de 14 minutos – tenemos una proyección hacia nuevas dimensiones de fastuosidad progresiva, recibiendo en buena medida el impacto de la pieza precedente pero con un énfasis más estricto en el aspecto jazz-progresivo, no llegando a ser tampoco un elemento absorbente. El legado de ‘The Blunt Sun And The Hardened Moon’ se hace sentir, sin duda. En este sentido, se nota que los momentos donde se destacan las capas y ornamentos de los teclados cuentan con más espacio para respirar. ‘Marooned And Torn Asunder’ ostenta una vitalidad propia de la pieza inmediatamente anterior con su correspondiente cuota de pomposidad en las atmósferas y desarrollos melódicos, pero con un swing jazz-rockero en base a un compás inusual; por este lado, también se nota una fraternidad estilística con ‘Finding A Shipwreck In A Valley In An Ocean’. Se puede decir que esta pieza perpetúa la grácil culminación expresionista del tema precedente bajo una aureola más cálida. También es justo resaltar la manera tan evocativa que tiene la primera guitarra de invocar al paradigma de STEVE HOWE en varias de sus intervenciones, mezclando musculatura y lirismo de tal forma que el bloque sonoro asume un carácter imponente. 


Los últimos 12 ½ minutos del disco están ocupados por ‘Water To Glass – The Ultimate Solution’, pieza que se enfila convincente y consistentemente por ambientes serenos y contemplativos, haciendo que el predominante lenguaje sinfónico se deje envolver metódicamente por revestimientos cósmicos. Siendo eminentemente grácil, la ingeniería sónica es tan rica que no se limita rigurosamente a la placidez sino que también encuentra ocasionales mecanismos de impulso hacia encuadres marcados por una vivaz agilidad: es en estas instancias donde el factor Yessiano vuelve a imponer el mganetismo esencial de su vitalidad sinfónica dentro de la visión musical del ensamble. El epílogo en 6/8, por su parte, nos remite un poco al modelo de THE ENID pero con la densidad romántica de los GENESIS de la fase 76-77: toda la locuacidad de los pasajes más majestuosos que abundaron a lo largo de la secuencia de las piezas precedentes se condensa en un señorial esquema ensoñador para un motif inapelablemente cautivador. Todo esto es lo que se nos brinda en “Oceanarium”, la muy ambiciosa nueva obra de DELUGE GRANDER, ensamble que siempre se sitúa en un ímpetu de evolución musical. El ensamble ha vuelto a los días de sus dos primeros discos con un primor renovado y una vitalidad estilizada que refuerzan la marca de la casa como uno de los arquetipos más preciosistas de la multívoca escena progresiva del nuevo milenio. Auguramos que todavía hay cosas grandiosas aguardando emerger y madurar dentro del horizonte próximo de DELUGE GRANDER, pero por ahora nos debe bastar con lo que hay en “Oceanarium”, que es de por sí infinitamente valioso. Un ítem que merecerá estar en todos los Top 10 progresivos del año, cuando no de los Top 5.


Muestras de “Oceanarium”.-


[Reseña dedicada a Javier RM por haber aceptado el uso de algunas fotos de su ejemplar para ilustrar la presente reseña: muchas gracias, Javier.]