Tuesday, January 16, 2018

FALLING INTO BIRDS: nueva voz del chamber-rock del nuevo milenio


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy se da la ocasión de presentar a FALLING INTO BIRDS, proyecto progresivo estadounidense dirigido por Joey M. Bishop por motivo de la publicación de su disco homónimo a mediados del mes de junio del 2017. Con un nutrido ensamble conformado por Nicole Garcia [violín], Maksim Velichkin [cello], Joel Hands-Otte [saxofón alto, clarinete bajo], Jeremiah Rose [trompeta], Rory Hutchinson [clarinete], Sam Smith [piano] y el propio líder Joey M. Bishop [multiinstrumentista dedicado a la guitarra, el bajo y la batería]. Lo que se nos ofrece en “Falling Into Birds” es una dinámica muy interesante dentro de los parámetros habituales del chamber-rock, en muchos momentos reavivada con elementos del jazz contemporáneo y los aspectos más minimalistas del avant-prog. Las influencias primarias proceden de los legados de UNIVERS ZERO, HENRY COW (en su última fase) y AFTER CRYING, siendo así que las confluencias con entidades de nuestros tiempos como ARANIS, THE ARCHESTRA, GATTO MARTE, KRONOS QUARTET y FIVE-STOREY ENSEMBLE están a la orden del día debido al oportuno aggiornamento que Bishop y sus secuaces son capaces de insuflar a sus confluyentes energías creativas. Repasemos ahora el repertorio contenido en “Falling Into Birds”, ¿vale?

Abre el disco ‘Syzygy’, durando casi 8 ¾ minutos e instaurando una poderosa vía de entrada al contexto global del repertorio. La confluencia de colorido imponente y gráciles grooves hace que la pieza ostente una omnívora luminosidad: parece que los diálogos entre violín y clarinete asumen buena parte del protagonismo a lo largo de los magnéticamente sinuosos desarrollos temáticos. El pasaje final se sienta particularmente conmovedor, redondeando la faena con una adecuada resonancia emocional. ¡Muy valiente iniciar el disco con una de sus cumbres! La dupla de ‘Sonder’ e ‘In Zapoy’ permite al ensamble ampliar su espectro sonoro: el primero de estos temas es notablemente melancólico, haciéndose un tanto sombrío a ratos, pero mayormente mostrando un talante romántico; el segundo, por su parte, despliega una irradiación sobriamente saltarina con ligeros ribetes neuróticos, la misma que se sostiene sobre la resolutiva pared armada entre el piano y la dupla de cuerdas. ‘Love Is A Plague’ entra a tallar para meter más matices y colores renovadores a  la ilación musical que se va desenvolviendo en el disco: ahora los aires festivos salen a la luz en toda su magnífica alegría, ostentando un aura juguetona y coqueta sin llegar a groseros aspavientos. Incluso hay ciertos pasajes con un swing propio de canciones circenses. Los vientos y cuerdas se explayan a sus anchas en los retratos sonoros de lo ágil y lo alborozado diseñados para la ocasión. Un momento especialmente importante del repertorio es el de la tríada integrada bajo el concepto de ‘The Intrepid Eleven’. La primera sección del susodicho concepto se titula ‘No Home’ y ostenta un talante grisáceo, inocultablemente triste, elegantemente dramático, inmerso en un solipsismo propio del corazón desamparado que vagabundea sin rumbo. La segunda sección se titula ‘Rhadamanthine Men’ y su espiritualidad es totalmente distinta de la del capítulo precedente: es ágil y suelto, bien centrado en la cualidad expedita que marca el swing jazzero de la batería desde el mismo punto de arranque. En fin, la tercera y última sección es ‘Blaze Of Glory’ y su función consiste principalmente en capitalizar el empuje de la sección precedente y darle mayor fulgor así como una mayor solemnidad. Es algo muy épico, en verdad.

‘The Languorous Habits Of The Lawn Gnomes’ se aparta del esplendor explícito del que el ensamble hizo gala en los dos últimos tercios del concepto multipartito precedente para elaborar un motif moderadamente saltarín. Se trata de un momento de lúdica policromía que anticipa el vigor señorial de ‘The Deft, The Daft, The Dire’, pieza que constituye otro fabuloso cénit de un disco que, por sí mismo, está exento de altibajos. El tema en el que nos detenemos ahora recoge mucho de la vitalidad majestuosa de ‘Rhadamanthine Men’ mientras la completa con un juego de amalgamas traslapadas como el que dio resultados tan deliciosos en el tema que abría el disco, más algo de la neurosis preciosista de ‘In Zapoy’. Bien puede describirse esta pieza como una síntesis correcta de las aristas más relucientes del ideario musical  del ensamble. Durando poco menos de 2 minutos, ‘A Reading Nook’ es el ítem más breve del disco, y parece que conforma una continuidad con la pieza siguiente, ‘The Eschatologist’, pues ambas dan prioridad a los arreglos de cuerdas y se centran más en atmósferas y bases armónicas que en la confluencia de índices melódicos y estructuras rítmicas. Los aires de familia con ARANIS son patentes. Otro concepto multipartito, esta vez  titulado ‘Apotheosis’, cierra el álbum con su total de 13 minutos y 50 segundos repartido entre sus dos secciones ‘Trials In Corporeity’ y ‘The Metamorphosis’. Aquí tenemos un broche de oro perfecto para el disco. La primera sección se cierra bastante eficazmente en el legado de UNIVERS ZERO en lo referente a las tensiones rítmicas y la creación de estimulantes tensiones poliarmónicas a través de las capas de sonido creadas por los vientos y las cuerdas. En todo caso, respecto a lo estrictamente melódico, la sofisticada paleta sonora nos acerca más a los referentes de GATTO MARTE y FIVE-STOREY ENSEMBLE. La ceremoniosidad categórica que marca la coda de ‘Trials In Corporeity’ prepara el camino para la pronta emergencia de la rotunda vivacidad de ‘The Metamorphosis’.

Todo esto es lo que nos ofrece en “Falling Into Birds”, lo cual se puede expresar en resumidas cuentas como una preclara manifestación de principios del chamber-rock para el nuevo milenio, ahora que éste está a punto de concluir su segundo decenio. Vale realmente la pena prestar atención a lo que nos está dando la gente FALLING INTO BIRDS y esperar que en el futuro próximo nos sigan brindando avant-progresivas de esta talla. ¡Recomendado al 200%!


Muestras de “Falling Into Birds”.-
Apotheosis – Trials In Corporeity: https://fallingintobirds.bandcamp.com/track/apotheosis-trials-in-corporeity

Sunday, January 14, 2018

IAMTHEMORNING: un faro de música contemplativa y solidaria


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Un poco tarde llega esta reseña sobre un disco del año 2016, pero más vale tarde que nunca pues siempre vale la pena revisar, apreciar y comunicar las virtudes de la propuesta musical de IAMTHEMORNING, dúo ruso conformado por la cantante Marjana Semkina y el teclista Gleb Kolyadin (al piano de cola y los sintetizadores). El disco en cuestión se titula 
“Lighthouse”. Tratándose de un disco conceptual en torno al tema de las enfermedades mentales, el mensaje general es de solidaridad para con los que padecen de alguna de sus variantes - “to all the lost souls out there: you’re not alone, ever”. El dúo contó para esta ocasión con la estupenda dupla rítmica del baterista Gavin Harrison y el bajista Colin Edwin (los mismos de PORCUPINE TREE, efectivamente), además de lguitarrista Vlad Avy, e larpista Andres Izmailhov y el percusionista Evan Carson. No solo eso, también participan ocasionalmente músicos de vientos (Tatiana Rezetdinova a la flauta, Roman Erofeev al clarinete, Sergey Korolkov a la trompeta y Oksana Stepanova a la bombarda) y un ensamble de cuerdas conformado por cinco violinistas, dos violistas, dos cellistas y un contrabajista. Además, para la canción que da título al álbum, el dúo cuenta con un colaborador muy especial: Mariusz Duda, el frontman de RIVERSIDE. 



La dupla de ‘I Came Before The Water Pt. I’ y ‘Too Many Years’ instala una delicada dinámica de cristalino lirismo, siendo así que el ceremonioso señorío del primero de estos temas brinda la pauta certera para que el segundo agarre vuelo expresionista de forma inmediata. Remontándonos a una especie de cruza entre los primeros QUIDAM y el estándar de RICK WAKEMAN, más algunas cuotas de THE ENID, el dúo y sus compañeros de turno nos brindan un hermoso ejemplo de dramatismo preciosista en un contexto rígidamente sinfónico. El solo de sintetizador para la coda llena espacios con holgada gracilidad. Así las cosas, ‘Clear Clearer’ cumple con la función de darle un viraje diferente al preciosismo reinante, y esta vez el esquema  de trabajo es notablemente más sobrio, incorporando suaves matices fusionescos al asunto desde ciertos arreglos percusivos, lo cual permite que se muestren ciertas afinidades con XII ALFONSO. La guitarra solista suena muy a lo HACKETT… y es una pena que su solo del final quede acallada sin extenderse más por causa del fade-out que se abre para la emergencia de un breve epílogo tocado por el ensamble de maderas. No siendo particularmente extensas las dos siguientes piezas, respectivamente tituladas ‘Sleeping Pills’ y ‘Libretto Horror’, ellas aportan una fluida movilidad melódica que permite al grupo seguir ahondando en sus bien delineadas estrategias musicales. En el caso de la primera de estas piezas mencionadas, el cuerpo central se centra sólidamente en una aureola de etérea melancolía, la misma que acoge un matiz de leve extroversión para la sección final. Por su parte, ‘Libretto Horror’ nos remite al mundo de KATE BUSH pero con las maneras románticas de unos THE ENID. El tenor elegantemente farsesco del motif creado para la ocasión también añade un tono teatral satírico, como siempre, de manera suave. 

El sexto tema del álbum es justamente el homónimo: su talante introspectivo y romántico engloba al cuerpo central de manera refinadamente meticulosa, dejando que las bases melódicas y armónicas del estricto dueto de voz y piano sigan una estructura libre. Como dijimos antes, Mariusz Duda interviene aquí como colaborador, y es justamente en la frontera del cuarto minuto que se deja escuchar cuando entran a tallar la dupla rítmica y el ensamble de cuerdas. El compás en 3/4 es manejado con una tersura estupenda. Siendo así que las cuerdas ocupan el lugar protagónico del encuadre instrumental. Cuando llega el turno de la pieza instrumental ‘Harmony’, las cosas pasan a un nivel mayor de complejidad. Comenzando con un talante impresionista en su sección prologar, luego se sitúa el piano solitario para abrir paso fluidamente al cuerpo central. De esta forma, el modus operandi de los músicos involucrados elabora un equilibrio inspirado entre sinfonismo y soft jazz, aunque queda claro que el primero de estos dos factores es el predominante. Hay un bello solo de guitarra que entra a tallar a mitad de camino para que se añada un recurso eficaz de colorido al asunto, pero ciertamente es el piano quien dirige la situación mientras cuenta con la batería como su cómplice ideal. Si los temas #2 y #3 habían funcionado como sendas cimas de lirismo distinguido, ‘Harmony’ instaura un cénit de primorosa exquisitez. De esta forma, se da la ocasión perfecta para que llegue el turno de ‘Matches’, canción que en buena medida recibe el impacto estilístico de la pieza precedente mientras añade a la paleta sonora cromatismos que ya hemos percibido y disfrutado en la dupla de ‘Sleeping Pills’ y ‘Libretto Horror’. Tenemos la sensación de que el cénit continúa de la mano de esta inspirada labor de síntesis de los aspectos más coloridos del diagrama sonoro del grupo. ‘Belighted’ regresa de frente al romanticismo etéreo y a las influencias de KATE BUSH en combinación con algo de XII ALFONSO (y también algo del aspecto introspectivo del PETER GABRIEL de nuestros días). Aunque la canción dura menos de 3 ½ minutos, el gancho de su otoñal motif es innegable e irresistible. 



Nos acercamos al final del disco cuando arriba ‘Chalk And Coal’, canción diseñada para volver a sacar las aristas más sofisticadas del cosmos musical de IAMTHEMORNING, y siendo así que la letra refleja emociones tensas (“But though, you see, I’m not meant to be, / I know this disease will not set me at ease, / I am rotten inside, I’m not pure”), no es de extrañar que encima contenga los matices más rockeros de disco, aunque no por ello deja de tener el piano de cola el lugar protagónico en los enclaves instrumentales. Hay partes habladas en el trasfondo que retratan inconfundiblemente el delirio insoportable de quien oye voces en su cabeza sin poder impedirlo. Los últimos 5 ½ minutos del disco están ocupados por la dupla de ‘I Came Before The Water Pt. II’ y ‘Post Scriptum’. La primera de estas piezas retoma la melodía central de la primera canción, alargando su alcance y expandiendo su sutil magia con un poderoso arreglo de cuerdas, indicando el suicidio por ahogamiento (al estilo de VIRGINIA WOOLF); la segunda expone un sereno ejercicio de cálido sinfonismo al modo de una elegante elegía, siguiendo hasta cierto punto el paradigma de THE ALAN PARSONS PROJECT en confluencia con el de WAKEMAN.

Thursday, January 11, 2018

CAMEMBERT: fuerza positiva del avant-prog francés



HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.


Hoy nos complacemos en presentar el nuevo trabajo fonográfico de la muy talentosa banda avant-progresiva francesa CAMEMBERT, el cual se titula “Negative Toe” y fue publicado por el sello italiano AltrOck Productions el 26 de diciembre del año 2017 que se nos acaba de ir. Permítasenos adelantar con todo el entusiasmo del mundo que este disco es enorme, fabuloso, espectacular, toda una sorpresa de fin de año melómana no apta para cardíacos. Se trata del segundo disco de la banda tras “Schnörgl Attahk”, que data del ya distante año 2011. El ensamble de CAMEMBERT que se hizo cargo de registrar este disco consta de la siguiente nutrida alineación: Adrien Arnaud [trompeta y percusiones], Lela Frite [voz e invocaciones], Guillaume Gravelin (alias Harpus) [arpa], Pierre Wawrzyniak (alias W-Cheese) [bajo y guitarra acústica], Juliette Blum [trombón y percusiones],  Fabrice Toussaint (alias Fab y alias Slipman) [batería, percusión y arreglos], Valentin Metz [guitarras eléctrica y acústica, y bajo] y Clarissa Imperatore [vibráfono, xilofón y percusión]. “Negative Toe” es un trabajo que ha tomado mucho tiempo en el desarrollo de sus procesos de grabación y posproducción pero finalmente se hizo realidad antes de la Nochevieja del año 2017 que ya se nos fue. Además de las ediciones digitales y en CD de rigor, también hay una edición limitada en doble vinilo de este disco, el cual ha sido una de las máximas sorpresas agradables que nos han deparado nuestras investigaciones melómanas en el año 2017. Pero en vez de seguir con elogios generales, lo mejor es ir a los propios detalles del disco que ahora tenemos en nuestras manos, ¿verdad? 



El repertorio se inicia de una forma muy aventurera: el tema ‘Orteil Négatif. Once Upon A Time In The Galax-Cheese’, que no es muy largo (dura poco menos de 3 1⁄3 minutos), nos brinda una extravagante mezcla de modernismos orquestados e inquietantes sutilezas cósmicas, algo así como un híbrido entre el legado de FRANK ZAPPA &; THE MOTHERS OF INVENTION y la faceta más etérea de unos ART ZOYD en la fase 1980-83. El primero de los temas extensos del disco sigue a continuación, y de hecho, es el más largo con su duración de más de 15 minutos: se titula ‘Fécondée Par Un Extra-terrestre’ y su dinámica es muy semejante a la que conocemos del FRANK ZAPPA de los álbumes “Chunga’s Revenge”, “Waka-Jawaka” y “The Grand Wazoo”, incorporando algunos elementos de latin-jazz al asunto. El efectivo colorido que se utiliza desde los masivos arreglos de bronces y los relevantes ornamentos de percusiones tonales ayudan bastante a asentar el sólido desarrollo de los motivos que se van sucediendo. Las transiciones de los momentos cálidos a los sobrios y viceversa se dan con genial fluidez. Hay variaciones de ambientes y grooves pero éstos nunca son realmente drásticos, por lo que la exhibición de sofisticación musical que tiene lugar puede consolidarse con una aureola de cristalina naturalidad. Es como una labor de intrincada ingeniería que no oculta su esencia complicada pero que tampoco se extravía por recovecos innecesarios. Ya en una última instancia, el bloque sonoro vira sobriamente hacia aires más modernistas en afinidad con los JAGA-JAZZIST. ‘Gros Bouquin’ cumple con la misión de recibir el impacto del vitalismo sofisticado de la pieza anterior y llevarlo hacia el terreno del jazz-fusión con la inclusión de varios tintes progresivos de tenor chamber-rock. La pieza ostenta unos aires joviales y lozanos a través de su majestuosidad estructural, la cual asocia varios motivos con impecable soltura mientras les brinda un groove llamativo (salvo en algunos intervalos donde se prioriza lo calmo). ¿Se puede imaginar alguien a qué sonaría un ensamble de músicos de UNIVERS ZERO, GONG, FROGG CAFÉ y SNARKY PUPPY cuando se pone a completar una idea inconclusa del maestro Josef Zawinul para un disco de WEATHER REPORT que se quedó a medio hacer? Pues eso es lo que el oyente recibe con Gros Bouquin. ¿Música avant-progresiva bailable con medidos aires de carnaval? Este despropósito conceptual se convierte en coherente gloria sónica en las manos del ensamble de CAMEMBERT. 

El cuarto tema del disco se titula ‘The Lament Of Pr. Frankenschnörgl’. Su esquema sereno y parsimonioso se enfila al seguimiento de los paradigmas de HENRY COW y ART BEARS, o sea, enfocar el discurso básico del jazz-progresivo dentro de un etéreo fuego cruzado donde entran la cámara posmoderna y el jazz contemporáneo, mientras que los arreglos vocales asumen una ceremoniosidad que se sitúa entre lo farsesco y lo solemne (a lo GONG, claro está). Hermosos los encuadres entre las percusiones tonales y los vientos sobre las delicadas escalas de guitarra y arpa que fungen como efectiva cortina de fondo. El meticuloso lirismo que surge de todo esto resulta perfectamente idóneo para calibrar y acentuar el desarrollo temático en curso. ‘Skwitch’ es la segunda pieza más larga del álbum con sus 14 ¾ minutos de duración. El prólogo instaura una atmósfera serenamente oscurantista (y justamente esa serenidad hace que la niebla sónica se sienta particularmente perturbadora) para luego abrirse hacia un espectro musical más grácil a través de unas complejas ambientaciones polícromas. Los cambios de motivos y esquemas rítmicos se utilizan sabiamente para jugar con la permanencia del swing básico y la solemne atmósfera mientras los fundamentos temáticos se van renovando con impoluta fluidez. El epílogo retoma el núcleo temático del prólogo con un ropaje petulante y fastuosamente mefistofélico, culminando con unas minimalistas capas tétricas al más puro estilo de ART ZOYD en su faceta más alevosamente minimalista. Si la tortuosa y ostentosa fastuosidad sonora de ‘Fécondée Par Un Extra-terrestre’ apostaba por una impetuosidad ferozmente surrealista, la esencia de ‘Skwitch’ se asienta en la noción de un juego enigmático con varias modalidades de atmósferas serias que a veces coquetean con lo sombrío. ‘El Pulpo’ cierra el disco comenzando con un notable contrapunto a lo inmediatamente anterior mediante el empleo de un lirismo relajado y bucólico, al modo de un retrato sonoro de un amanecer apacible. Pero pronto se rompe esta placidez cuando surge un factor inquietante que deriva finalmente en un ejercicio de tensiones oscurantistas marcadas por una minimalista pomposidad; los delirios dadaístas que entran a tallar instalan, sin mayores aspavientos, un denso desasosiego que marca un interesante final del disco.

Todo esto fue “Negative Toe”, uno de los mejores trabajos avant-progresivos que nos ha brindado en el año 2017, una expresión de auténtica fuerza positiva dentro de los conceptos de rock ecléctico y de jazz experimental. La gente de CAMEMBERT se ha lucido a las mil maravillas con este repertorio, y como tal, es justo que recomendemos al 200% (¿o 300% tal vez?) este disco a todos aquellos seguidores fieles de las vertientes más radicales de experimentación progresiva de todos los tiempos. 


Muestras de “Negative Toe”.-


Tuesday, January 09, 2018

HAPPY THE MAN: ascenso y ocaso de un sueño progresivo norteamericano


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Seguimos adelante con nuestro repaso de la trayectoria de HAPPY THE MAN durante su actividad de los 70s, siendo así que los habíamos dejado en una ocasión anterior en la época de su primer disco de estudio para el sello Arista.* Como no puede ser de otro modo, ahora empezamos con el segundo disco de estudio titulado “Crafty Hands”, el cual que data del año 1978 y que muchos consideran – nosotros incluidos – como su obra cumbre. Al igual que con el disco homónimo de debut, la producción corrió a cargo de Ken Scott (célebre por sus labores con DAVID BOWIE, SUPERTRAMP, ELTON JOHN, MAHAVISHNU ORCHESTRA, BILLY COBHAM y un largo etcétera), pero esta vez hubo un cambio en la alineación del grupo dentro del departamento percusivo. En diciembre de 1977, Mike Beck dejó la banda por las diferencias creativas que le apartaban de sus cuatro compañeros en cuanto al enfoque creativo para el nuevo material a ser incluido en el segundo álbum: así las cosas, el grupo encontró en Ron Riddle como el baterista-percusionista ideal para reemplazarle en el primer mes del año siguiente. Los demás integrantes seguían siendo Stanley Whitaker [guitarras eléctricas y acústicas, y voz], Frank Wyatt [pianos de cola y eléctrico, clavinet, saxofones, flauta y clavicordio], Kit Watkins [órgano, sintetizadores, pianos de cola y eléctrico, flauta,clavinet, clavicordio y flauta dulce] y Rick Kennell [bajo]. Haciendo un balance previo de lo que nos ofrece “Crafty Hands”. Como siempre, Watkins se hace notar como el músico más destacado del quinteto, quien con su siempre inspirado refinamiento, para nada exento de vigor lúcido, crea pulidos solos de sintetizador como encantadoras cortinas y orquestaciones de teclado – todo un ejemplo de sensibilidad, pulcritud técnica y creatividad evocativa, y tal vez es ya momento de que admitamos públicamente que se trata de nuestro teclista #1 de todos los tiempos y lugares del rock experimental. Pero, claro está, también son dignas de resaltar las precisas y enérgicas intervenciones de Whitaker, quien sabe utilizar su guitarra adecuadamente cada vez que hay que resaltar o aumentar el esquema melódico en curso; la misma actitud de elogio debe dedicarse a Wyatt, quien con su refinada versatilidad a los teclados y los vientos sabe llenar todos los espacios que se abren en base a los esquemas armónicos sobre los que se tallan las melodías centrales de cada canción del álbum. En cuanto a Kennell, sus siempre bien definidas líneas de bajo ejecutadas hallan en la robusta labor rítmica de Riddle el encuadre perfecto desde donde puede proyectar sus ingeniosos devaneos melódicos. La estrategia general del grupo a la hora de arreglar y concretizar las ideas musicales vertidas en las composiciones es la de mantener una línea refinada, interactuar ingeniosamente, hacer solos bien armados que nunca lleguen a extensiones excesivas ni resulten demasiado abrumadoras; las dosis de complejidad y garra del material contenido en “Crafty Hands” son mayores de lo que en unas primeras escuchas parecen ser, y eso que los recursos explícitos de complejidad musical son patentes de por sí. Setiembre fue el mes de 1978 en que Arista sacó a la luz el disco.


El disco en cuestión abre con ‘Service With A Smile’, una pieza en 11/8, con un enorme gancho que atrapa sin más la atención del oyente (qué pena que dure menos de 3 minutos). El groove edificado sobre la triangulación de clavinet, batería y bajo se llena oportunamente por obra del arquitectónico motif que se desarrolla a partir del precioso diálogo entre guitarra y sintetizador. Todo un ejemplo de vitalidad instaurada con una inquebrantable aura de sobriedad mientras impone su gancho inmisericordemente. Después sigue un hermoso tema, el primero de autoría de Watkins en el álbum: se titula ‘Morning Sun’ y bien puede describirse como la melancolía contemplativa en su más pura expresión, a ratos incluso onírica, como un ensueño donde cada sonido de teclado, de guitarra acústica y de percusión está integrado en una orgánica ilación cósmica. Los suaves aleteos de groove jazzero que entran a tallar en ciertos momentos ayudan a ensalzar el ingrávido señorío que impera a lo largo del bello desarrollo melódico: algo intermedio entre la faceta serena de WEATHER REPORT y el mágico lirismo de GILGAMESH. Tras este luminoso viaje musical a través del éter viene bien un largo momento para enraizar los movimientos del alma y los focos de la mente en la tierra, aprovechando su recia sequedad para sustentar en ella nuestro jolgorio: este momento está animado por la dupla de las tremendas piezas ‘Ibby It Is’ y ‘Steaming Pipes’, siendo la primera de ellas compuesta por Wyatt y la segunda, por Whitaker. En el caso de ‘Ibby It Is’ tenemos una pieza penetrada por una rigurosa ingeniería melódica que se sostiene sobre un swing constante, swing que cuenta con sus oportunas variaciones de intensidad rítmica. La meticulosa armonización entre órgano y piano eléctrico y el dinamismo seductor gestado por los sucesivos solos de Moog y de guitarra garantizan un éxtasis perpetuo para el oyente empático. ‘Steaming Pipes’, por su parte, ostenta una intensidad más constante en su ambientación general y una mayor complejidad en su esquema rítmico: aires combinados de CARAVAN, CAMEL y GENTLE GIANT se hacen notar. Tal vez se trata del momento más feroz de este disco (dentro de los parámetros de ferocidad que se puede hallar en el mundo sonoro de HTM), pero justamente su pasaje final es extremadamente calmado.



La segunda mitad del disco se abre con la única pieza cantada del disco, ‘Wind Up, Doll Wind’, con créditos musicales compartidos por Wyatt, Whitaker y Watkins, siendo la letra del primero. Como siempre, su poesía es abundante en referencias existencialistas y místicas mientras muestra una excelsa lucidez contemplativa: extractos como “Wind up, doll day begins, / Whirlwind display of whims, / Splashing across the street into the box. / My box, your box, / Dollhouse robbed of fantasy” y “Web of the real laid close beside dream. / Each the barter for the other, / Twisting together, like worms in their holes, / Quietly strangling the vision” nos revelan contundentes expresiones de lo mejor de la poesía utilizada para las primeras generaciones del movimiento progresivo. En cuanto a la estructura instrumental de la pieza en cuestión (se trata de uno de los dos temas del disco que superan la barrera de los 7 minutos de duración junto con ‘Ibby It Is’), ésta se sostiene sobre un cadencioso esquema rítmico. La claridad melódica del rock sinfónico y la vitalidad traviesa de los CARAVAN de la época 72-73 se conjugan de una manera fabulosa: la presencia de la flauta y los saxos de Wyatt dictamina mucho de lo que ocurre en las orquestaciones y solos realizados por los demás instrumentos. Se puede decir que ‘Wind Up, Doll Day’ recibe el impulso de expresividad muscular de ‘Steaming Pipes’ pero lleva a ésta a un terreno más sereno. Ya cuando llega el turno de ‘Open Book’, el grupo se enfila hacia uno de los puntos máximos de su creatividad. A partir de una sección de la suite ‘Death’s Crown’ (que data del tiempo anterior al primer álbum y está en el disco homónimo que publicó Cuneiform Records en 1999), el quinteto elaboró una de sus más excelsas piezas: alternando sinfonismo de inspiración renacentista con el estándar del así llamado soft jazz, el tema se centra en la alternancia de un motivo solemne para las mudanzas y otro bucólico para los estribillos. En el primero de los dos estribillos, Watkins toca la melodía con la flauta dulce, mientras que en el segundo lo hace con el Mini-Moog sobre un grandioso trasfondo de piano eléctrico y sintetizador de cuerdas. ¡Tal vez se trata de nuestro tema favorito de toda la carrera fonográfica de HTM! Bueno, el álbum sigue con el ameno tema ‘I Forgot To Push It’: estableciendo su motif sobre un juguetón tempo de 6/8, la pieza cumple con la cuota de “frívola” alegría en clave jazz-progresiva en medio del señorío de la pieza precedente y la languidez contemplativa de la siguiente. En efecto, ‘The Moon, I Sing (Nossuri)’ es la cálida y calmada pieza que reitera esa misma melancolía que antes habíamos apreciado en ‘Morning Sun’, pero esta vez con un esquema rítmico más centrado. Esta pieza nos parece evocar un paseo lento a través de una solitaria bahía, mientras los pensamientos del caminante flotan por su cuenta bajo la última luz del atardecer. Lo más idóneo para darle el broche de oro al repertorio de “Crafty Hands”.

Resultado de imagen de happy the man roussel

En resumen, “Crafty Hands” es una muestra más del tipo de pura excelencia que los HTM venían aportando para la tradición progresiva estadounidense, y más que eso, dentro del género a través de toda su historia y a lo largo de todos los países donde se practicó y se sigue practicando. Si “Happy The Man” había sido la primera celebración del arte del sonido, este segundo disco es toda una invitación imperativa a continuar la fiesta con una nueva vitalidad que se destila con diáfana claridad en las estructuras musicales creadas para cada ocasión, además de un enfoque más agudo en la armazón de los swings, grooves y matices de la dupla rítmica. Pero bueno, la cosa es que el nuevo disco sufrió los mismos indicios de depreciación comercial que el primero, principalmente por culpa de un departamento gerencial de Arista que no sabía cómo mover este material dentro de los círculos de posibles públicos receptivos. Mientras la banda seguía trabajando en las mismas áreas donde había cultivado un público de culto que sabía apreciar la magia de HAPPY THE MAN, la proyección comercial de su creciente repertorio se quedaba en nivel 0. Ya desde antes de la publicación de este segundo álbum en cuestión, un ejecutivo de Arista que respondía al nombre de Clive Davis había expresado al quinteto su preocupación por no hallar alguna pieza con bien definido gancho comercial en el disco: cuando Wyatt y Whitaker le preguntaron al susodicho personaje que explicara más a fondo su preocupación, él puso como ejemplo de temas con gancho a las composiciones de Whitaker ‘Knee Bitten Nymphs In Limbo’ y ‘Stumpy Meets The Firecracker In  Stencil Forest’ del primer álbum... ¡dos de las piezas más intrincadas que justamente rendían honor a sus respectivos títulos extravagantes! En fin, cosas misteriosas e impenetrables de la mentalidad de los expertos en marketing de la buena música. Riddle solo se quedó en el grupo hasta la finalización de las sesiones de grabación y postproducción, decidiendo involucrarse en otros proyectos musicales; afortunadamente, el grupo halló pronto al reemplazante idóneo, el veterano francés Coco Roussel (quien, entre otras cosas, había tocado en el grupo vanguardista HELDON, dirigido por el maestro RICHARD PINHAS).

Dado que Arista había decidido sacar de su agenda de trabajo a los HAPPY THE MAN, éstos, aunque un poco desencantados por la negligencia y el desamparo que recibieron de parte de quienes  se suponía que tenían la potestad y la logística para apoyarlos, compusieron canciones y grabaron maquetas de las mismas para un tercer disco en febrero de 1979, esperando que lo que empezaría como una labor de preproducción independiente les podría lleva a un nuevo contrato de grabación oficial (tal vez un retorno a la misma Arista). De hecho, ya había algunos temas nuevos escritos desde los días posteriores al ingreso de Roussel, pero ahora el grupo estaba contento con tener un prospecto de tercer disco en sus manos. Pero no fue así, como no es de sorprender. Las maquetas quedaron allí durmiendo el sueño de los justos hasta que una selección de ocho de ellas se publicó por primera vez en 1983 bajo el título de “3rd: Better Late…” a través del sello Azimuth Records con una muy modesta portada de color verde. La posterior edición digital en manos del sello Cuneiform Records – del año 1990 para ser más específicos – contiene dos canciones más, compuestas ambas por Whitaker y ocupando respectivamente el medio y el final del repertorio. Es ésta la edición que pasamos a comentar a continuación. ‘Eye Of The Storm’ abre el disco. Esta pieza nos suena más comúnmente por haberse incluida como tercer tema del disco de CAMEL “I Can See Your House From Here”, teniendo aquí una producción más pomposa. Bueno, no solo se llevaron Andy Latimer & co. la mera presencia física de Watkins a sus filas. Sí, es verdad, así como suena, la gente de CAMEL convocó en el mes de junio a un entusiasmado Watkins (junto a otro teclista, Jan Schelhaas) para la gestación y ulterior gira de promoción del disco antes mencionado. Pero lo que tenemos aquí no es nada desdeñable, pues lo que escoge hacer el grupo con esta composición de Watkins es desarrollar una faceta pastoral del discurso sinfónico: sin teclados a bordo porque el buen Watkins toca la flauta mientras Wyatt toca el saxo, son las escalas de la guitarra de Whitaker las que sustentan la base armónica mientras la dupla rítmica sostiene una cadencia recurrente con cristalina sensibilidad. El siguiente tema es un himno pacifista y ecológico titulado ‘The Falcon’, signado por un lirismo vitalista que respeta meticulosamente la delicadeza introspectiva esencial al diseño melódico gestado por Wyatt y Whitaker para la ocasión. Con todo, los momentos más extrovertidos también saben añadir dosis extra de luminosidad al mágico encuadre sonoro que se va desarrollando entre melodía y swing a través de los seis minutos y cuarto que dura el tema; el solo de guitarra que entra a tallar en algún momento del medio va muy en la onda Hackettiana. 


A través de la secuencia de los instrumentales ‘At The Edge Of This Thought’ y ‘While Crome Yellow Shine’, el grupo se dispone a gestionar su arquetípica habilidad para fusionar cadencias jazz-rockeras y delicadezas de tenor sinfónico. En el caso de ‘At The Edge Of This Thought’, tenemos un motivo minimalista repetitivo (al modo de un avant-garde etéreo) marcado por el piano eléctrico en torno al cual los sucesivos adornos de flauta y de sintetizadores ayudan a impulsar variantes fluidas, las mismas que ayudan a la atmósfera melancólica en curso crear algunos breves momentos de señorial impetuosidad. Por su parte, ‘While Crome Yellow Shine’ reemplaza la melancolía por la jovialidad a través de un ambiente más grácil que el que marcó a la pieza precedente, haciendo una inaudita cruza de RETURN TO FOREVER y CAMEL; es algo más propio de las horas plenas de la tarde que del atardecer. Sin dejar de sentirnos impresionados por la labor de Watkins en las orquestaciones y solos de sintetizadores, cabe también hacer una mención especial a la labor de Roussel, quien se luce a las mil maravillas con su manera tan portentosa de ornamentar el groove general de la pieza con una exuberancia que nunca se desborda‘Who’s In Charge Here?’ es una de las canciones recuperadas de autoría de Whitaker a las cuales aludimos en el párrafo anterior. Se trata de una balada sostenida sobre una melodía taciturna que inspira algunos pasajes marcados por un dócil ceremoniosidad, estando la letra centrada en una ácida crítica contra el caprichosos régimen del manejo del mercado fonográfico. El saxo acompaña con precisa sobriedad al canto de Whitaker. Las cosas se agilizan notoriamente al iniciarse la segunda mitad del disco: apenas comienza ‘Shadow Shaping’ nos damos cuenta de que el tempo de 5/4 diseñado para la ocasión cuenta con un swing tremendamente llamativo. No solo eso, también nos dejamos llevar fácilmente por la armazón melódica gestada por la triangulación de teclados-guitarra-saxofón, donde cada aporte sabe expresar recursos de sus propias individualidades dentro del esquema global. Además, una mención muy especial debe ir para el brillante solo de Moog que elabora Watkins (¡qué novedad!) cerca del final: su cadencia y su ímpetu melódico crean un clímax específico dentro de la irónica vivacidad que empapa al espíritu de la canción. 

   

‘Run Into The Ground’ es otra pieza de talante extrovertido que además cuenta con la peculiaridad de registrar una coautoría de Kennell en asociación con Watkins. Estableciendo otro inspirado ejemplo de fusión de sinfonismo y jazz-rock, aunque con un acento un poco más predominante en este segundo factor, el grupo se proyecta hacia un espíritu celebratorio, aunque su breve interludio vira hacia un tempo constreñido que exorciza a la reflexividad. Una vez más, el estilo gallardo y exuberante de Roussel hace maravillas a la hora de establecer el groove gravitante que la pieza necesita para exhibir su fulgor tan propio. También presume esta pieza de tener un compás complejo, esta vez en un 10/8 que se subdivide continuamente en secuencias de 5/4, 6/4, 5/4 y 4/4. Las amalgamas de guitarra y Mini-Moog son excelsas. ‘Footwork’ parece recoger vívidamente el legado de las dos piezas precedentes por vía de un manejo sólido de delineamientos melódicos pulcros sobre compases complejos. Esos sí, la vivacidad en curso está un poco más aminorada que en el tema anterior, pero de todos modos queda claro que el aura caleidoscópica y sofisticada se mantiene impoluta. El último gran cénit del álbum llega de la mano de ‘Labyrinth’, que con sus casi 7 ½ minutos de duración resulta el tema más extenso del álbum. Comenzando con un aire sereno que pronto abre paso a un cálido despliegue de electricidad rockera, su núcleo temático nos recuerda parcialmente a los estándares de GENTLE GIANT, HATFIELD AND THE NORTH y GILGAMESH. La lógica de la opulencia se asienta con impoluta soltura a lo largo y ancho de los meticulosos delineamientos temáticos hasta llegar a un humorístico final que usa el último motif sobre una cadencia cansina que parece emular el agotamiento que llega tras la titánica labor de escapar de un laberinto. Podemos afirmar que en esta secuencia de los temas #6 al #9 hemos gozado del largo momento culminante del repertorio. Recuperando las vibraciones pastorales que habían marcado al instrumental de entrada, ‘Such A Warm Breeze’ pone el broche sereno al repertorio con un retorno a la melancolía otoñal de la otra balada de Whitaker, pero esta vez arropada por una serenidad envolvente: con un lento compás en 5/4, la base melódica y los ornamentos de flauta parecen viajar como nubes a través de un cielo de fines de otoño. Pero también puede verse en retrospectiva a esta canción como un testamento final del sueño artístico y el ensueño estético por los que los HTM habían trabajado tanto por forjar, madurar y concretar a fin de hacerse de un lugar dentro del mercado musical, pues como ya mencionamos antes, las Parcas del Rock habían decidido amputar esta misión musical al poner a CAMEL en el horizonte de Watkins. Aunque el grupo se mantuvo vigente dando conciertos hasta mayo de 1979 mientras pasaba por el fracasado trámite de publicar de inmediato su tercer disco, el crepúsculo de su luz estaba cediendo paso a la noche definitiva.



En verdad que el cuarteto remanente de la banda estaba demasiado agotado como para poner si quiera en consideración el plan de buscar a alguien tan genial como el buen Kit para seguir adelante y dar nuevos aires a la banda: cuando es no, es no. La suerte estaba echada a favor del nuevo impulso de CAMEL tras la partida de Peter Bardens y en contra de la posibilidad de un nuevo resurgimiento de grandes oportunidades para HAPPY THE MAN: era hora de separarse, así de simple. Kennell y Whitaker se fueron a Nueva York a probar suerte con otro proyecto de música rock llamado VISIONS.** De todas maneras, todavía quedaban cosas interesantes por rescatar del legado de HAPPY THE MAN. En el año 1997, el sello Cuneiform Records publicó el disco “Live”, el cual recoge temas tocados en vivo por la banda en 1978 durante la gira de promoción de “Crafty Hands”, estando ya Roussel en la banda (como ya dijimos antes, él entró al grupo porque Riddle solo quiso quedarse hasta el final de la grabación del segundo disco). En lo que escuchamos aquí, Wyatt se ciñe a los teclados y los saxofones, mientras que Watkins añade labores de flautas traversa y dulce a las ya habituales como tecladista, y tal como se puede esperar, cada vez que perpetra esos solos de Moog que tienen tanta magia como musculatura, se erige en la estrella del ensamble. Pero bueno, lo más justo es valorar al grupo como eso, un ensamble que funciona con un orden meticulosamente armado en sus armazones melódicas mientras se proyecta un dinamismo único a partir de los boatos orquestales producto de la triangulación de los teclados. El material recogido en “Live” fue recabado de dos conciertos, uno en The Cellar Door el 1 de julio (la mayoría de los temas) y el otro en Louie's Rock City, el 8 de octubre. Lo que nos brinda esta publicación póstuma de 1997 es un libro abierto a la magnificencia y la soltura que el personal de HAPPY THE MAN sabía crear sobre el escenario. 


El inicio del concierto llega de la mano del tema que abría el entonces nuevo álbum, ‘Service With a Smile’, previo preludio minimalista que brinda un aire cósmico a modo de expectativa ante el delicioso festín progresivo que está ad portas de iniciarse. Tras esta llamativa entrada, el grupo se decide a explorar su dimensión más contemplativa con la dupla de ‘Starborne’ y ‘Open Book’: en el caso de este segundo tema, el grupo desarrolla una efectiva extensión del final de la segunda mudanza con una exquisita luminosidad sinfónica centrada en la orquestación de sintetizador de cuerdas antes de que se imponga el último estribillo con su conmovedora aureola introspectiva. ‘Hidden Moods’ y ‘Morning Sun’ insisten en este predominio del lirismo sereno e introspectivo, aunque queda claro que en el caso de ‘Hidden Moods’ prevalece un espíritu de cordial gracilidad. ‘I Forgot To Push It’ nos ofrece un momento de calidez juguetona antes de que ‘Ibby It is’ se explaye en su llamativa fastuosidad y sus razonablemente sofisticados grooves. De hecho, la instauración de un dinamismo especial por vía de ‘Ibby It Is’ resulta idónea como anticipación del colorido sofisticado que el grupo crea en ‘I Carve The Chariot On The Carousel’, una dramática y diversa composición de Wyatt del que se derivó el motto perpetuo de ‘Carousel’, la pieza que cerraba el lado A del primer álbum de HAPPY THE MAN. Esta fuente originaria es un festín prog-sinfónico de gran envergadura que comienza con un sosiego elegante, continúa con un colorido ágil y termina con un talante otoñal moderadamente denso, rozando lo sombrío. Antes de esta magnífica revelación musical, ‘Nossuri (The Moon, I Sing)’ se hizo cargo de dar una nueva vuelta de tuerca a la faz introspectiva de la banda.  Con la secuencia de las dos composiciones de Whitaker ‘Steaming Pipes’ y ‘Knee Bitten Nymphs In Limbo’, el grupo da un buen golpe de efecto en cuanto a la exhibición de sus aristas más introspectivas: la resonancia de estas dos piezas tocadas sucesivamente es bien recibida por el público, a juzgar por las ovaciones que se dejan oír. Se cierra el repertorio con ese prodigio de magnificencia y señorío progresivo que es ‘Mr. Mirror’s Reflection On Dreams’, un tema que opera como epílogo perfecto al desplegar una cuidada alternancia de pasajes climáticos y contenidos a través de una ilación de bellos motivos. Todo un deleite este “Live”, y tal como dijimos antes, es muy valioso como testamento revelador del tipo de magnificencia que derrochaba la maquinaria sonora de HAPPY THE MAN. De hecho, la tríada de Whitaker, Wyatt y Kennell unió fuerzas con el teclista David Rosenthal (eterno fan de la banda) y el baterista Joe Bergamini en lo que luego sería su comeback album “The Muse Awakens”... y todo ello porque una vez Whitaker, en 1999, tras un concierto en el evento mexicano del Baja Prog donde tocaba como miembro del grupo TEN JINN, se sientió conmovido por tener frente a sí a mucha gente que le hacía preguntas sobre HAPPY THE MAN. ¡Resulta que el grupo no había desaparecido en el mar del olvido de los 70s! Este no es el lugar para hablar de ese álbum de retorno, el cual es buenísimo de por sí: nos quedamos en esta etapa de los dos últimos años de su primera fase, una etapa dura en la cual los HAPPY THE MAN  tuvieron que experimentar durezas y sinsabores mientras creaban una magia progresiva única y peculiar, dueña de su propia belleza, señora de sus propias expresividades.


Muestras de HAPPY THE MAN.-
I Forgot To Push It [en vivo]: https://www.youtube.com/watch?v=qm32Cq1QwCQ


* El enlace de esa retrospectiva de sus primeros años es http://autopoietican.blogspot.com/2017/04/happy-man-genesis-exodo-y-primer-disco.html

** Una entrañable anécdota de 1981 es que una vez el teclista David Rosenthal (entonces integrante de RAINBOW) asistió a un concierto de VISIONS, y ya tras bmabalinas, mostró al exguitarrista y al exbajista de HAPPY THE MAN unas partituras que él había hecho con arreglos de varias piezas del grupo. 


[Esta retrospectiva incluye información originalmente publicada en el enlace de Manticornio http://www.manticornio.com/rock-progresivo/H/HAPPY-THE-MAN/crafty-hands.php]

Saturday, January 06, 2018

HADAL SHERPA: una ingeniosa propuesta space-rockera desde Finlandia


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy toca el turno de presentar al grupo finlandés HADAL SHERPA, el cual cultiva un híbrido de space-rock progresivo y jazz-rock de claros tintes fusionescos. La conformación de HADAL SHERPA, residente en la localidad sur-finlandesa de Vantaa, consiste en el quinteto de Vesa Pasanen [guitarra, bouzouki, teclados y percusión], Sauli Marila [bajo y cello], Matti Elsinen [teclados], Ilja Juutilainen [batería y percusión] y Ville Kainulainen [guitarra].  Lo que se nos brinda a lo largo del repertorio de “Hadal Sherpa”, el disdo de debut publicado a mediados de junio del pasado año 2017, es un exquisito y muy bien centrado repertorio de desarrollos melódicos, esquemas rítmicos y atmósferas que se acomodan a la perfección a lo que ya indicamos a grandes rasgos en la primera frase de la presente reseña, space-rock con fuertes ribetes fusionescos: para ello, el quinteto finlandés trabaja con pulso firme un bien definido equilibrio entre las vigorosas acentuaciones y dinamismos que exige la línea de trabajo escogida y el refinamiento sesudo en las interacciones instrumentales. A veces el asunto se pone un poco más filudo de lo habitual, otras veces se torna más relajado, pero siempre se destila una impoluta fluidez en las estructuras diseñadas para cada pieza del álbum. Además, el grupo cuenta ocasionalmente con los aportes de Pi Kiviharju a la flauta, Arttu Muhonen a las percusiones y Olli Rautiainen a la trompeta, con lo cual se asegura la creación y la organización de una plenitud muy especial en las armazones sonoras donde se aventura el colectivo finlandés en el que nos estamos fijando ahora. Bueno, veamos los detalles del susodicho álbum de una buena vez.



Las dos primeras partes de ‘Nautilus’ dan inicio al repertorio, ocupando en conjunto un espacio de casi 16 minutos. La primera parte se caracteriza por plasmar un vitalismo sereno y señorial sobre un groove fusionesco en 6/8, sólidamente instalado por una dupla rítmica que sabe cómo aportar un impulso de ágil sofisticación para el conjunto. Hablando de otra dupla, la de las guitarras, ésta determina en qué momentos el bloque global se orienta hacia un dinamismo sobrio y en qué otros, dicho dinamismo se torna genuinamente aguerrido. En las instancias finales, el grupo se deja llevar por una colorida languidez antes de que el swing adquiera una ligereza decisiva. Así las  cosas, la segunda parte de ‘Nautilus’ se enmarca dentro de una espiritualidad resuelta motivada y alimentada por vibraciones intensas, extrañamente coloridas dentro del contexto space-rockero en el que se maneja el grupo para elaborar los sucesivos jams del tema, pero el hecho es que todo funciona muy bien. Creando puentes entre HIDRIA SPACEFOLK y la época pre-1990 de los OZRIC TENTACLES más la adición de algunas sazones de QUANTUM FANTAY, el grupo gesta un brío expresivo muy efectivo y muy propio. ‘Chafa Azeno’ sigue a continuación para aprovechar su espacio de 9 minutos y pico con un explayamiento en aires gitanos y mediterráneos. La complejidad de la ingeniería rítmica y el preciosista jolgorio exhibido en el motif central conforman las piedras angulares de la robusta grandilocuencia de la pieza en cuestión, una grandilocuencia que adquirirá un vigor rotundo durante el clímax concluyente. El cuarto tema del álbum se titula ‘Ikaros’ y está a cargo de devolvernos el colorido brío rockero que ya habíamos disfrutado en ‘Nautilus Part 2’ para darle un nuevo kilometraje y un empuje notablemente acrecentado. Por su parte, las amalgamas de las dos guitarras y las capas de los teclados brindan al bloque general un lirismo llamativo, el mismo que adquiere un matiz flotante, casi en clave post-rockera, durante el etéreo epílogo. 

Durando casi 11 ¼ minutos, ‘Heracleion’ se erige como el ítem más extenso del disco. Sobre un consistente compás en 7/8, el grupo desarrolla recursos de movilidad temática, a veces dirigida por el sintetizador, otras veces, por la guitarra. El gancho está bien trabajado y los más de 11 minutos que dura el tema pasan como si nada. El carácter calmo y sutil de la coda nos despierta de la danza espiritual a que nos ha llevado esta pieza. Una vez terminado este tema, estamos convencidos de que se trata de un punto culminante del repertorio de 
“Hadal Sherpa”. ‘Marracech’ vuelve a la calidez fusionesca revestida de vibraciones aguerridas y robustas que había hecho nuestras delicias en ‘Chafa Azeno’. Lo que tenemos ahora en el caso particular de ‘Marracech’. La penúltima pieza del repertorio se titula ‘Abyss’ y comienza con un tenor relajado y flotante, apoyado sobre un compás lento que parece meterse en una especie de cruza entre los PINK FLOYD de la fase 71-75 y el stoner. En un segundo momento, las cosas vuelven a ponerse en una modalidad frenética en cuanto al colorido musical y el swing armado por la dupla rítmica. El elemento Floydiano sigue presente pero esta vez hay un fragor que atraviesa y llena la atmósfera general de la instrumentación con una garra y una musculatura soberbias. De hecho, es como si el personal de HADAL SHERPA hubiese querido engañarnos fingiendo en un inicio que quería pasar por un momento de reposo cuando en realidad lo que estaba haciendo era activar todos los motores de su maquinaria sonora para ofrecernos la versión más incendiaria de su visión space-rockera. Otro cénit decisivo del álbum. En fin, las cosas llegan al punto final con ‘Black Elk’, tema que cumple inicialmente con la función de sintetizar el talante exótico de la fusión de inspiración mediterránea y los aspectos más musculares del esquema de trabajo grupal. Luego, para su celebratorio epílogo, el grupo trabaja con coloridos aires de danza eslava para darle una aureola más intensa a la siempre reinante alegría de la pieza. Un cierre a lo grande, en verdad.



HADAL SHERPA se han lucido a lo grande con este disco de debut homónimo, el cual dura más  de 68 minutos, ninguno de ellos desperdiciado. Situando su propuesta musical dentro de unas coordenadas que son fácilmente reconocibles por el coleccionista promedio de las diversas modalidades de música progresiva que se han venido gestando durante muchos decenios, el grupo ha sabido darle su toque personal y crear su propia modalidad de exquisitez dentro del paradigma del space-rock. Ojalá tengan más trabajos en la carpeta del misterioso futuro pues este primer disco nos ha causado una muy buena impresión inicial.


Muestras de “Hadal Sherpa”:
   

Wednesday, January 03, 2018

KING CAPISCE: una mirada fresca a la experimentación jazz-progresiva


HOLA, AMIGOS DE AUTOPOIETICAN, LES SALUDA CÉSAR INCA.

El grupo británico KING CAPISCE, ensamble cultor de una atractiva modalidad jazz-rockera de contundentes tenores progresivos, nos brinda con su nuevo disco “Memento Mori” una hermosa obra que no deberá pasar desapercibida en nuestro repaso de los momentos musicales más notables del presente año 2017. Publicado a inicios del mes de octubre a través del sello Lamplight Social Records, este disco es una estupenda muestra de cómo el lenguaje del jazz y el discurso de la música progresiva experimental pueden confluir naturalmente en un entramado sonoro que resulte variopinto y enérgico a la vez. KING CAPISCE está conformado por el quinteto de los saxofonistas Richard Harrison y Alex Baker, Tim Feben [guitarras y sintetizadores], Roshan Lal [bajo] y Thomas Ashfield [batería]. El grupo que ahora nos ocupa debutó en el año 2011 con un disco homónimo que llamó ciertamente la atención en varias redes de difusión y apreciación del jazz-rock contemporáneo, pero fue con su segundo trabajo de larga duración “The Future Cannot Be Born Yet, It Is Waiting For The Past To Die” (aunque en realidad no es muy largo) que el grupo logró posicionarse en un sitial interesante dentro del gran escenario mundial de la vanguardia jazz-progresiva. Eso ocurrió hace 3 años, y ahora los KING CAPSICE cuentan en “Memento Mori” con el recurso idóneo para mantenerse en su status de banda joven que ya está consagrada dentro de su particular vertiente musical. Pasemos ahora al repaso de los detalles de este disco en cuestión, ¿vale?


Durando poco menos de 4 ½ minutos, ‘Once We Were Wild’ pone inicio a las cosas con un despliegue de grácil vitalidad donde se funden el modelo de los KIGN CRIMSON de los 80s y el paradigma de los WEATHER REPORT de la segunda mitad de los 70s. El cuerpo central se enriquece en una espiral bien sostenida sobre la inhumanamente compacta dupla rítmica. Para la sección final, el grupo baja el nivel de vibraciones expresionistas en base a un groove de cariz bluesero. Luego sigue la dupla de ‘Taming Panda’ y ‘House Of Dust’, diseñada para explorar las aristas más expresionistas y ambiciosas del mundo musical del quinteto británico. ‘Taming Panda’ dura más de 7 ½ minutos y resulta ser la pieza más larga del álbum, siendo su ambiente general uno de misterio. LED BIB y GUTBUCKET son los referentes a la hora de explicar las confluencias estilísticas que entran a tallar aquí. Siendo la cadencia básica del tema en cuestión sostenida y lenta, de todas maneras el ensamble se da maña para dejarse llevar por su propio nervio, logrando que la mayor parte del tiempo nos sentimos confrontados por una dinámica opresora. En algún momento emerge un solo de batería simplemente impresionante; el saxo y la guitarra alternan posicionamientos en el foco protagónico del bloque instrumental. Por su parte, ‘House Of Dust’ se orienta hacia una actitud más plenamente intimista, aunque siempre con ese nervio propio del ideario estético de la banda. Matices de psicodelia progresiva y post-rock entran a tallar durante el desarrollo del cuerpo central, el cual termina aterrizando en un paraje de mística intensidad bajo la guía de la guitarra. ara el último minuto, parece como si el ensamble estuviese siendo trasladado a una pieza diferente donde retorna el imperio de lo opresivo. Se puede decir que en esta dupla de los temas #2 y #3 hay una suerte de cima musical del repertorio... pero que conste que todavía queda bastante por disfrutar en el horizonte cercano. 



‘Stateless’ sí llega a focalizarse consistentemente en atmósferas intimistas, al modo de un cántico a la interioridad en clave instrumental. La miniatura titulada ‘i’ estipula un ejercicio de flotantes capas abstractas sustentadas por etéreas líneas de los saxos y una lánguida cortina de sintetizador; con ello se prepara el terreno para el arribo de ‘Rojava’, colorido tema que nos expone la faceta más decididamente lírica del grupo mientras retoma los retazos de post-rock y psicodelia progresiva que antes habían hecho acto de presencia. ‘Angle’ es materia de otro lote: un muestrario de ingeniosa combinación de talante jazz-rockero y sofisticado dinamismo progresivo que lamentablemente solo dura 3 minutos y pico. Con todo, nos sentimos agradecidos por este despliegue de señorial vitalidad que bebe tanto del paradigma Crimsoniano de los 70s como del de MORAINE, además de ponerle algunas sazones Zappianas al asunto. El último vestigio que nos deja el disco es el tema justamente titulado ‘Last Words’, el cual recicla entusiastamente los factores más introvertidos y misteriosos que signaron las ingenierías sonoras de las piezas 2-4, aunque sin duda está más cercano a la densidad mística que conformó el núcleo expresivo de ‘House Of Dust’. El lado más señorial de unos LED BIB puede ser una buen referente comparativo.  Los arreglos de vientos ayudan bastante a gestar un temple amable que envuelve al bloque instrumental: por causa de su talante orquestal, también influyen esos arreglos en la creación de un aura fastuosa para el delineamiento del cuerpo central. Fueron 37 ½ minutos de gloria jazz-progresiva los que nos ha brindado el quinteto KING CAPISCE a lo largo y ancho del repertorio contenido en “Memento Mori”, un disco altamente recomendado a quienes gustan de descubrir y degustar las diversas variantes potenciales que se abren cada vez que se fusionan los esquemas del jazz-rock y del rock progresivo.


Muestras de “Memento Mori”.-
Rojava: https://kingcapisce.bandcamp.com/track/rojava